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11 noviembre, 2009

....

(que por qué no se, pero entre todas, con esta aria me acuesto...
...cuando realmente no puedo dormir)

Una furtiva lagrima
negli occhi suoi spuntò:
Quelle festose giovani
invidiar sembrò.
Che più cercando io vò?
Che più cercando io vò?
M'ama! Sì, m'ama, lo vedo. Lo vedo.
Un solo istante i palpiti
del suo bel cor sentir!
I miei sospir, confondere
per poco a' suoi sospir!
I palpiti, i palpiti sentir,
confondere i miei coi suoi sospir...
Cielo! Si può morir!
Di più non chiedo, non chiedo.
Ah, cielo! Si può, Si può morir
Di più non chiedo, non chiedo.
Si può morir, Si può morir d'amor.

(claro que se por qué...porque es hermosa!)

11 octubre, 2009

Zingarella de Traviata

Desde que leí La Dama de las Camelias de Alejandro Dumas, me enamoré de La Traviata. No soy bien conocedora de ópera, pero la disfruto muchísimo, y al menos puedo reconocer si esta bien, eso es, cuándo me llega y cuándo no -subjetividad al fin-.
Este fin de semana interpreto una zingarella (y sigo con el personaje) que baila alegremente en la fiesta de casa de Flora. Esta escena es la más alegre de toda la ópera: entramos las gitanas y los toreros a entretener el banquete. Pero en la historia, cuando llega Violeta y se encuentra a su forzosamente abandonado Alfredo, el clima cambia abruptamente en una melancolía por la humillación que Alfredo le causa a ella debido a la ruptura, desconociendo el sacrificio que Violeta ha hecho por amor.
No quiero explicar aquí la historia, para eso está internet.
Sin embargo, cuando la música cambia, y toda la alegría festiva se transforma en pesadumbre, viene a mi en pleno escenario, una nostalgia que aun despues de un año de conocer la ópera y bailar en ella, desconozco de dónde proviene.
Quizá sea porque Verdi es ciertamente pleno al pigmentar con notas musicales las emociones de la obra, o porque siento real la angustia que vive Violeta, o tal vez porque simplemente dejo que el momento me llene de nostalgia, pues el escuchar y sentir aquello en pleno escenario es único... y realmente sabroso! :)
Considero la obra de Dumas, un elogio al amor, más que Romeo y Julieta -como comunmente se dice- y para mi, esta ópera es un hermoso homenaje a dicha obra literaria. Ambos finales son diferentes, pero si bien lo supo decir Dumas con palabras, Verdi lo enalteció con la música.
¿Cómo no disfrutar tal sublimación de una historia de amor?

paz.-

09 octubre, 2009

Carmen...la que baila

Se acerca Carmen, pero no la que contaba 16 años. Esa no.
Sino la basada en la historia de Merimée y la música de Bizet. Esa Carmen que en esta oportunidad, de ópera se convierte en ballet para mostrar una historia de apasionamiento, amor, desamor, encanto, desencanto, deseo, fortaleza, seducción, libertad, muerte... Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Ahora recuerdo que los bailarines de estilo contemporáneo, nos critican muchísimo a los que danzamos clásico porque las historias de ballet están "pasadas de moda".
Pasadas de moda.
-Entonces será que Beethoven, Da Vinci y Dumas también deben estar pasados de moda-
Cuando se estrenó la ópera en 1875, fue un total escándalo y un gran fracaso. Hoy día es una de las más famosas del mundo. ¡Y cuánto de amor y desamor no tenemos en pleno siglo XXI!
Pero lo que yo hago no es ópera, es ballet, y narrar la atmósfera de esta historia con el cuerpo es todo un reto histriónico. Aquí dejo de ser una "delicada bailarina" (¿pasada de moda?) para ser una gitana, tabacalera, escandalosa, libre de espíritu que no se prende de nada ni nadie. Disfruto mucho este papel. Debe ser por la cuota de "zíngara" que siempre he tenido dentro.
Habré sido una de ellas en alguna vida pasada. ¿Quién sabe?

09 mayo, 2009

Danzando Cantata

Ayer finalmente bailé Cantata.
Debí escribir esto hace tiempo pero por diversas razones que incluso me cuestiono no lo hice antes. En fin, ayer lo bailé.
Desde mi regreso del viejo mundo estuve ensayando esta pieza que desde el primer momento me pareció fascinante.
La Cantata Criolla, ópera venezolana compuesta por Antonio Estévez y basada en el poema “Florentino y el Diablo” de Alberto Arvelo ha sido interpretada en muchas oportunidades en este país, pero esta es la primera en la que además de los coros, las voces solistas y la orquesta, se incluye la danza.
Tres estilos –ballet, contemporáneo y tradicional- conjugados en la escena del TTC para contar el cuento de cuando el Diablo retó a Florentino a contrapuntear hasta que los gallos canten.
El proceso ha sido una experiencia de descubrimiento, tanto en lo personal como en lo profesional. La coreografía busca el acoplamiento de la danza clásica con la de otros colegas que bailan otros estilos. Sin embargo, la idea era, en mi visión, la de llenar un escenario con diferente modos de movimiento como una forma de demostrar esa mezcla de razas, orígenes y modos de ser que tenemos los venezolanos.
“Florentino somos todos” nos decía Mariela para ayudarnos a entender lo que necesitamos sentir para nuestra interpretación. Pero más allá que una vía para transmitir un sentimiento escenográfico, Florentino nos puede enseñar cuan fuertes o débiles podemos ser ante las adversidades, ante los retos; estos representados en un Diablo que sin cachos, ni cola, ni fuego en la boca nos acaricia constantemente para caer en cada uno de esos obstáculos y quedarnos allí con él, en la angustia, la desdicha y la infelicidad.
Pero como Florentino hizo, es nuestra propia decisión y la confianza en sí mismo lo que nos hace ganar. Siempre.

Hoy vuelvo a ser una virgen, que por cierto baja de una soga. Momento genial.