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11 febrero, 2011

En Paria y en paz

Hace unos meses, creo que en septiembre, tuve un imperioso y claro deseo: “quiero playa y que esté bien lejos”. Se mezclaron las dificultades vía Cadivi con mis ganas perennes de conocer más rincones de mi país, investigué y la conclusión no pudo ser más acertada: Península de Paria.
Conozco poco el oriente, así que fue perfecto y con una genial compañera de viajes me fui.

Naturaleza: Las montañas que caen al mar, la selva húmeda, las aguas más cercanas al océano, el encanto de la playa con la frescura de tanta vegetación junta, y por sobre todo: Cacao.
Lugares: estado Sucre, sembradíos de cacao y sus siempre protectores bucares, aguas muy calientes de forma natural, San Juan de las Galdonas y su misterioso encanto, la montaña y allí mismo el mar, y al final, donde parece no llegar más nada entre frío de selva y calor de arena, playa Pui Puy.
Gente: los pescadores y el pescado fresco respectivo (aunque ahora las nuevas generaciones prefieren criar pollos porque les es más fácil); los que secan el cacao en las aceras, en el asfalto de todas las carreteras; los de las historias en los camiones -único medio de transporte entre poblados- con sus frases dignas de sabiduría popular -verdades absolutas-; los que te indican el camino a cualquier lugar aunque por la velocidad en su modo de hablar no se entienda mucho; los que conocen a todos y te dicen “dígale a fulanito que pasó por aquí, yo lo conozco”; la señora de las empanadas; la que no iba al “comemuslo”, porque eso se lo deja a la juventud; los que dan la cola porque van al mismo sitio -“yo la llevo”-; los que aconsejan tener cuidado en todas partes; el que da sin recibir; los chicos que tenían tres semanas sin querer volver, el argentino que tenía más de un mes, y Agustina…

En Pui Puy, decidió ella vivir y además recibir a todos los que con su mochila y carpa deseen acampar. Su bienvenida, sin ser muy cálida ofrece la confianza, la tranquilidad y la seguridad de que no existe mejor lugar en el mundo. La energía que emana su casa, su jardín y sus alrededores, con fogón y montaña respectivos, reúne justamente la energía que Pui Puy, con toda su virginidad, transmite.
No hay austeridad, pero sí todo lo contrario de opulencia. No hay ruido, no hay discordancia, hay armonía, fluidez, generosidad, reciprocidad, paz.
Compartir en su casa, con ella y todos los que coincidimos aquellos días buscando esa paz, fue una experiencia que aun no se me sale de la mente y la evoco a ratos consciente, otras sin querer. Y me cuestiono la cantidad de problemas y necesidades que uno se genera innecesariamente, todos casi siempre irreales o con poca sustancia. Agustina vive allí, con lo que consigue en los conucos de los vecinos, con lo que nosotros los que la visitamos le queremos dar. Ella y su hija, una criatura de un metro de estatura, rulos dorados y ojos inmensos.
Agustina es mi ejemplo de la certidumbre de que estás donde debes estar y si no te sientes bien, entonces como a la tierra, hay que moverse hacia donde simplemente te sientas bien contigo y el Universo. Siempre volveré a ver a Agustina, sé que lo haré y en la próxima oportunidad le llevaré lo que no necesita pero que seguramente lo agradecerá con un abrazo y yerba, que –con fortuna- nunca le falta.


paz.-

27 mayo, 2010

Recordando Isadora

Me gusta usar bufandas, chales, pañuelos, pañoletas… A lo Isadora Duncan.
Asi me llamaron en estos días, mientras usaba una -aprovechando los días lluviosos, porque en otro caso sería absurdo vestirme con ellos en un clima tan caluroso- evocando aquella bailarina que nació para ir en contra de la corriente y revolucionar la danza sobre el escenario como se conocía hasta entonces.

No fue una transición sistemática, no. Isadora simplemente se lanzó al escenario descalza, con el cabello suelto, envuelta en túnicas semitransparentes con movimientos inspirados en el andar natural de los cuerpos al caminar, al saltar y en las olas del mar.

A principios del siglo XX su osadía era bárbara, y como era de esperarse, en una sociedad acostumbrada a tutús y escenografías ostentosas además de estar plagada de moralismos -como si hubieran desaparecido- fueron muchos los rechazos, interrupciones, críticas y censuras que ella tuvo que soportar hasta convertirse en la persona que introdujo la danza moderna en la historia del mundo.

Su vida, fue quizá tan poco usual como lo expresaba su danza: su padre fue encarcelado siendo ella aun niña, se casó con un hombre 17 años más joven que luego se suicidó, decidió ser madre soltera de dos hijos que murieron ahogados, era bisexual...

Y tan poco convencional fueron su vida personal y su arte, como la forma en que murió. "Je vais à l'amour" dijo justo antes de montarse en el vehículo que la llevó a la muerte cuando su hermosa y larga bufanda se enredó en las ruedas del mismo y la estranguló.

Famosa por danzar descalza y contra las expectativas del público, famosa por ser pionera de un estilo dancístico, famosa por su bufanda, a veces provoca ser tan deliberada, despreocupada, y simplemente bailar sin zapatillas, semidesnuda y contra a lo que todos esperan.
Pero comprobado: soy irremediablemente clásica.
No puedo alejarme de las puntas.

........ un corto video de la Duncan danzando ........

05 marzo, 2010

¿Qué es arte?

Recientemente vi de nuevo una película que me gusta mucho: Mona Lisa Smile. Ambientada en la década de los 50, desarrolla las situaciones en las que se involucra una profesora de arte muy liberal para la época, quien decide enseñar en una escuela para señoritas en la cual los estereotipos y la moralidad rige una generación que estudia sólo para aparentar un estatus que luego será sustituido por ser la “señora” de alguien. En su primera clase Ms. Watson, muestra la pintura “Cadáver” de Soutine (1925) a un grupo de jóvenes acostumbradas a estudiar Degas y Renoir. Ellas no entienden, buscan en sus libros inútilmente y se genera una discusión en la que surge la interrogante: ¿qué es arte? Esta permanece en sus mentes a lo largo de la película. Y en la mía.
No es primera vez que me hago esta pregunta, además que es fácil reconocerlo a través de los clásicos ya sea en las artes plásticas o escenográficas. Pero muchas veces me lleno de indignación de observar como algunas cosas pueden ser llamadas arte.
No soy netamente clasicista ni estoy en contra de todas las expresiones artísticas que puedan ofrecer las nuevas generaciones, pero creo en la sublimación del arte, en su superioridad y en la diferenciación que debe existir con otros tipos de creaciones.
Estuve en el museo de arte contemporáneo Centro Georges Pompidou de París, y mientras recorría sus amplios pasillos me he deleitado con un sin número de obras consideradas hoy día obras maestras del siglo XX. Sin embargo, me topé con algunas “obras” que se acumulan en el espacio de la indignación que comentaba hace dos párrafos.
Un cuadro azul. Bueno, no cualquier azul, era un azul grisáceo o más bien azul marino grisáceo; y tampoco era cualquier cuadro, pues sus orillas tendían ligeramente a la concavidad, así que tampoco era un cuadrado exactamente. ¿Es esto una broma? ¿Es esto arte? Lo veo. Me repito las mismas preguntas unas trece veces más y continúo.
Unos quince metros más adelante del mismo pasillo, otra “expresión artística”: en el piso el tronco de algún árbol cortado longitudinalmente y (creo) barnizado… Me quedé viéndolo, juro que traté de abrir mi mente y aportar nuevas visiones a mi limitado criterio, pero no pude, para mí eso era un árbol muerto.
Me ha pasado cuando asisto a espectáculos de danza contemporánea, en los que debo comprender y apreciar la obra objetivamente sin el juicio filtrado por los ojos de una intérprete y defensora de la danza clásica. No obstante, no me hace falta un significativo esfuerzo y creo saber reconocer lo que se hace bien y lo que se hace mal, o lo que nada dice.
Recuerdo el solo de una chica que caminaba de un lado a otro con el marco de un cuadro y en cada nueva posición se paraba sobre el mismo, sin hacer nada. Luego tres otras –demasiado vanguardista para mi gusto, si de eso se trata- cuya propuesta escénica era un impro con agua, se mojaban, saltaban, se arrastraban en el piso –incluso una tomaba ron antes de su interpretación- pero nunca vi que bailaban.
¿Qué me quieren decir? ¿Es esto danza?
Yo no soy quien para determinar qué es arte -o qué es danza- y qué no lo es y sé que si lo dijera seguramente no importará mucho. No obstante considero al arte ser un indicador tangible de la emoción humana, pero debe tener un modo de ser dicho, expresado y transmitido.
Actualmente, no tienen que haber cánones estrictos que encasillen una intención, ni limitar las vías expresivas, ni manejar un espacio estético predeterminado (aquí entraría la discusión sobre qué es la estética) pero si el arte es lo que ha sido desde que la humanidad existe, y no todo el mundo es considerado artista, ¿por qué habría de ser arte un plano cuadro azul o una mujer sentada dentro de una tina de agua?
Así como me cautiva Monet y Rembrandt, me siento fascinada por Picasso y Dalí, y admiro a Didier (un artista plástico amigo). Así como escucho placenteramente a Chopin y Rachmaninoff, disfruto de The Doors y la Joplin. Y así como vivo por El Lago de los Cisnes y Giselle, me interesa muchísimo el trabajo de Mats Ek y de Wayne Mc Gregor.
No pretendo responder el título de este artículo pues aun sigo explorando para comprender esto que los humanos llamamos arte, y aunque disfruto intentándolo, seguramente no le hallaré respuesta debido a su naturaleza subjetiva.
Aclaro esto. Reconozco y defiendo el discurso que así como la belleza, el arte también está en los ojos de quien lo mire. Esto lo valoro, aunque el criterio de algunos ojos yo no lo comprenda.
Ilustro enlanzando un video de una parte de Infra, coreografía de Wayne McGregor, interpretado por bailarines del Royal Ballet de Londres. Es una pieza abstracta y me parece limpia, excitante y bella, me arriesgo a decir que es como un Soto de la danza. Respetando al Maestro.

“No soy partidario de ninguna escuela, porque soy partidario de la verdad humana, que excluye todo grupo y todo sistema. La palabra “arte” no me gusta; contiene no sé que ideas de disposiciones necesarias, de ideal absoluto. Hacer arte. ¿No es acaso hacer algo que está fuera del hombre y de la naturaleza? Lo que yo quiero es que se haga vida; quiero que el artista sea algo vivo, que cree de nuevo, fuera de todas las escuelas, según sus propios ojos y su propio temperamento. Lo que busco ante todo en un cuadro es un hombre y no un cuadro”
- Émile Zola (1866)

06 febrero, 2010

¿Amor?

Hace un año, el Gabo me acompañó mientras conocía las tierras de Napoleón y Baudelaire, con El amor en tiempos de cólera. Es una historia fascinante -como bien sabe narrar él- que deja la interrogante en forma de rastro en el inconciente, o quizá en el bien conciente de lo que significa realmente el amor, protagonista de casi todas las historias.
Mi abuela decía que si no hay una historia de amor en una película entonces no es buena.
No hay manera de equivocarse en aquella afirmación, pues el trillado concepto le toca a todo el mundo la fibra, los nervios y el mediano músculo que está en el pecho el cual se acelera con cada encuentro y desencuentro amoroso. Incluso con un diminuto pensamiento.
Recién vi la película del homónimo libro, y -sin querer plasmar una idea crítica de la misma- podría decir que es primera vez que estoy de acuerdo con la manera como pasaron a 35mm una historia tan enriquecida y vívida. Claro está, nunca es igual que la imaginación embriagante que proporciona Gabriel García Márquez.
Sinceramente, creo que para vivir hay que amar. Sí hay tiempo, si no, no se vive.
El amor proporciona sosiego y angustia, esperanza y desaliento, alegría y descontentos, y con todos esos sentimientos y más, da VIDA.
Florentino Ariza desde joven, enamorado, sufrió por Fermina Daza ante su rechazo y juró esperarla hasta volverla a conquistar, pues ella era su verdadero amor. Así la espero 53 años, 7 meses y 11 días, hasta el día que por fin pudieron estar juntos. Su madre, cuando aun joven, lo consuela diciéndole que sufra todo lo que pueda, que ese sentimiento puede no volverlo a tener; su padre, al morir había dicho que lo único que lamentaba es no haber muerto por amor.
Esta es una historia con un final feliz, sin empalagamientos, que quizá sea cierta más frecuentemente de lo que uno se pueda imaginar. Con tanta gente que hay en este planeta, las historias de amor sobran.
El amor empieza en el propio y continúa en lo que haces para dárselo a otro o a otra, esa es una teoría que considero cierta y válida, y aunque no pretendo escribir un ensayo de un tema que aun no entiendo del todo y seguramente luego de más de 53 años tampoco lo sabré comprender a plenitud, creo que sí y definitivamente sí, somos seres que necesitamos del amor. Y en todas sus formas.
Si hay que sufrir, mejor que sea por amor. ¿O no?

"Los síntomas del amor se confunden con los del cólera"
G.G.M

13 diciembre, 2009

Y nos quedan ocho!

Falta de tiempo, energías y ocurrencias lejanas a la web y cercanas a la vida... eso me ha mantenido apartada de mis siluetas.
Mañana empieza la última y la que considero mejor semana del año: la última semana de funciones de Cascanueces.
Qué bueno que todavía no me llega la nostalgia de fin de temporada, esa seguro viene después. En el presente se encuentran todas las emociones y preparaciones que implican estas últimas funciones de un ballet que me llena de entusiasmo y orgullo.
Me estrené con la danza española y disfruto tanto esta variación que nunca sentí ni un trazo de nervios, ni un mínimo de duda. Yo sola, con toda la picardía y el "salero" que este rol implica acompañada de cuatro toreros que con sus capas giran a mi alrededor.
Sí, es otra cosa, y eso disfruto del Cascanueces, que cada día puedo ser un personaje diferente: unas veces esta atrevida andaluza, otras una coqueta "merlitona", en otros tantos una muñeca que se mueve con cuerda y en la mejor ocasión, una niña ilusionada con su soldado de madera.
Sin embargo, ser parte del cuerpo de baile de la escena de las nieves es casi mágico, tanto para el público como para quienes allí intentamos transmitir ese "encanto". Bailar en conjunto con otras 15 mujeres es complejo pues significa realizar correctamente cada paso de acuerdo con la coreografía, ubicándonos en el espacio que corresponde, interpretado con suavidad y gracia, todo a la vez que nos mantenemos en un movimiento unísono, como un solo cuerpo. Desde que lo bailé por primera vez, me enamoré de esta coreografía, la cual como cuerpo de baile es difícil pero hermosa; es un reto y a veces una agonía, pero siempre, siempre se sale contenta.
Bailar como solista es placentero, a veces orgásmico, pero estar dentro del corp de ballet otorga la satisfacción de un trabajo en equipo bien logrado. El trabajo de una en pro de todas es lo que la audiencia valora y lo que nos llena como bailarinas.
Empieza esta semana.
Yo lista, preparada y con todas las ganas de ser todos los personajes que el escenario me propone.

paz.-

03 noviembre, 2009

Tierra de grandes

Hace dos días estaba en una ciudad bastante impersonal llamada Rivera, la cual está compartida entre Brasil y Uruguay, gracias a la frontera que la divide. Una ciudad de compras, nada que me interese. Solo fueron dos días allí, lo suficiente para llegar, descansar del largo viaje, bailar una función -que resultó ser excelente- y alejarnos de allí para ir a Montevideo.
Ahora estoy en la capital uruguaya, en la ciudad de Eduardo Galeano y cómo quisiera contar más cosas pero entre el tiempo, el horario contado y el cansancio no he podido dedicarme a esto.
Ansiosa por llegar a esta ciudad me sucedió algo lindo.
En el camino entre Rivera y Montevideo -unas ocho horas de viaje- paró el bus en la carretera en un pequeño restaurant sin nada especial, en medio de una carretera larguísima, en medio de una larga jornada entre las pampas uruguayas, podría decirse que en medio de casi nada, o de lo mismo. Allí comimos lo suficiente para continuar el viaje hasta nuestro destino.
Al montarme de nuevo al bus le pregunté al conductor cómo se llamaba la zona.
"Esto es el Paso de los Toros".
Yo, perpleja me doy cuenta. Paso de los Toros.
El lugar que vió nacer a Mario Benedetti.
Lamenté no haberlo sabido antes. Montada en el bus y a través de la ventana, más adelante vi el pueblo de Benedetti con la satisfacción escasa de haberlo caminado un rato aunque sin saberlo, y con la nostalgia de haberme quedado un rato más. Una cuota de su inmensa energía que aun vibra en este mundo estaba allí, la de su origen. Fue lindo haberlo sabido y haberlo visto aunque sea de paso.
Qué satisfacción esta la de estar y bailar en la tierra de dos viejos de los GRANDES.

paz.-

12 septiembre, 2009

Soledad y yo...

De las cuatro hermanas fui Soledad. (Tarde en la Siesta)
La desesperada, un tanto histérica, siempre en su mundo incapaz siquiera de querer salir de él.
Soledad, sola, solitaria. La que dejó su amado.
Sentí cómo interpretarla y pude entenderla.
Supe lo que Soledad sentía, supe lo que quería decir al mundo. Supe comprender y bailar en el escenario cuando se quiere gritar sin poder hacerlo. Cuando ella se ahoga sin entender cómo llegó a ese punto.
Como si fuera el momento justo de danzarla y sentirla en mis venas.
La vida está llena de coincidencias que realmente no lo son.
Eso es lo que creo. Esto es lo que Soledad me dijo. Esto es lo que ella me quiso decir, para que a través de la música y la coreografía mi público tratase de entenderlo.
Aquí, en palabras, lo que dancé.
Y advierto, no es fácil traducir en letras lo que se baila en puntas y con el alma.


Te siento, allá, allá, ven.
Se me desgarra el alma porque no estas.
Mi miel y mi veneno los volqué en ti y te los llevaste y me dejaste con el aliento seco y sin sabor.
Te sigo, te persigo, te busco no te encuentro.
Dónde está el sueño que me creé, que me inventé, que me ofreciste.
Siento en mi sangre el vibrar de tu voz, siento en el aire que hoy respiro la sensación de tu olvido, siento en mi vientre las manos que me tocaron y penetraron mis nervios hasta el último vestigio.
¿Dónde? ¿Cuándo?
¡Vete ya!
Si te fuiste, no aparezcas.
Si te rendiste, no vuelvas.
Si te encuentro, no me recuerdes.
Aunque por ti en vida muera, aunque se agoten msi ansias y mi brío, a tí te pido.
Vuelve, pero que no te vea.
No vuelvas pero no me olvides.
Estoy cansada de amarte sin poder evitarlo.
Te odio. Te amo. Te dejo ir.
-BC-


Anexo: Esta no soy yo, sino Rosario Suárez, bailando la variación. Una increíble interpretación -a mi parecer-.
Con ella estudié este papel.
Con ella... y con esto que le llamamos vida.


31 agosto, 2009

Vuelvo a bailar

Cuatro meses cuentan desde La Cantata Criolla: la última vez que usé mis puntas en el escenario. Para algunos quizá poco tiempo, para mí demasiado. A pesar de los numerosos altibajos emocionales con picos bruscos, he aprendido a ser paciente, a ver más allá, a razonar (¿más?) incluso con rabia, y a entender cómo funciona el cuerpo, especialmente mis tobillos.

Este fin de semana vuelvo a bailar, estrenando dos piezas: Guaraira Repano, coreografía de Mariela Delgado y Tarde en la Siesta del cubano Alberto Méndez. La primera genera en mí un gran deleite, un placer que origina la sensual música de Arturo Márquez en su Danzón No.2; y que finalmente bailo, después de tantas horas de ensayos y de tantos inconvenientes.

La segunda, es un reto lleno de sentimientos acertadamente encontrados, una autodemostración de autoconfianza, un estambre de cosas por decir y querer decir, un espacio de mediana liberación, un desahogo de ideas. ¿Todo eso lo puede hacer un ballet? En mí, sí. Por eso vivo de esto.

Ambientado a finales del siglo XIX, el ballet es un pas de quatre de cuatro hermanas cuyos nombres coinciden con sus propias personalidades. Esperanza, la menor, es la adolescente juguetona quien ilusionada espera el amor de su vida. Dulce, es la alegre mujer casada y satisfecha con lo que la vida le ha bien otorgado, incluyendo sus hermanas. A Soledad la asedia la angustia y el vacío generados por el abandono del hombre a quien realmente ama, ella se ahoga en el desespero de su propia soledad. Por último, Consuelo, la hermana mayor quien hace las veces de madre y guía, pero que tiene un pasado triste por su viudez y un alma asfixiada dentro del cuerpo de una mujer que quiere sentir y vivir a plenitud.

Estas son las cuatro hermanas de Tarde en la Siesta, cuatro caracteres, cuatro historias, cuatro modos de ser y sentir. Sólo cuatro, apasionadas plenamente.

Yo soy Soledad.
Pero ella, a quien le agradezco haberme invadido con descaro y sin permiso, merece un post aparte.

paz.-

10 agosto, 2009

Nadar, nadar! (fe de erratas)

Por distraída, tonta, sonámbula o qué se yo, he borrado por equivocación esta entrada publicada el 27.05.09. Se me ocurrió buscarla en la memoria caché de google et voilá! Así que estará repetida, para mí no para usted, y así no perderla de esta memoria digital de lo que escribo y soy. Con sus comentarios inclusive.
Salud!

27.5.09

Nadar, Nadar!

Estoy segura que cada quien tiene sus modos personales de lidiar con la tristeza. Yo veo Buscando a Nemo, la película de Disney.
Quizá no me quite de raíz lo que me esté haciendo sentir mal, pero al menos sonrío (y río mucho por cierto) y vuelvo a recordar la escena en la que Dori (personaje con quien a veces me siento identificada) le pregunta a Marlin (el papá de Nemo) "si la vida te derrota, ¿qué hay que hacer?", como Marlin no sabe, ella le responde con esta canción que seguramente la tendré en mi cabeza hoy todo el día: "Nadaremos, nadaremos, en el mar, el mar, el mar, qué hay que hacer? nadar, nadar".
Una parte de Cien Años de Soledad del Gabo, se desarrolla en el marco de un diluvio que duró "cuatro años, once meses y dos días". Al final del período, el pueblo de Macondo quedó devastado bajo los escombros, sin embargo la "Calle de los Turcos" estaba llena de alegría a pesar de la tragedia. Aureliano Segundo, confundido, le pregunta a los habitantes de la zona "de qué recursos misteriosos se habían valido para no naufragar en la tormenta, cómo diablos habían hecho para no ahogarse". La respuesta, para mi sorpresa fue: "Nadando".
Lo dice Gabo.
Lo dice Dori.
Quizá sea cierto que cuando las cosas van mal lo mejor es seguir nadando. Dejar que la vida fluya, que siga su rumbo mientras nadamos con la corriente.
Más tarde las cosas se esclarecen, o toman un camino que nos hace sentir mejor.
Yo mientras tanto sigo viendo a Dori en los momentos bajos, para que me siga recordando eso que muchas veces olvido.

2 comentarios:

Karla dijo...

Nada! yo no lo hago en el agua, me da miedo, lo hago en la tierra y en el aire! Y muchas veces acompañada de ti.

Mayra Cecilia dijo...

Mi niña rubia....tú como nadie sabes nadar entre los inciensos, los sueños y las nubes.Nada, absolutamente nada, puede empañar tu alegría de pajarito nocturno.No dejes que suceda.Sí?...La vida, como la música, tiene sus allegros.Amurallate a ellos y sigue adelante.Un beso de tu otra mamá.

09 mayo, 2009

Danzando Cantata

Ayer finalmente bailé Cantata.
Debí escribir esto hace tiempo pero por diversas razones que incluso me cuestiono no lo hice antes. En fin, ayer lo bailé.
Desde mi regreso del viejo mundo estuve ensayando esta pieza que desde el primer momento me pareció fascinante.
La Cantata Criolla, ópera venezolana compuesta por Antonio Estévez y basada en el poema “Florentino y el Diablo” de Alberto Arvelo ha sido interpretada en muchas oportunidades en este país, pero esta es la primera en la que además de los coros, las voces solistas y la orquesta, se incluye la danza.
Tres estilos –ballet, contemporáneo y tradicional- conjugados en la escena del TTC para contar el cuento de cuando el Diablo retó a Florentino a contrapuntear hasta que los gallos canten.
El proceso ha sido una experiencia de descubrimiento, tanto en lo personal como en lo profesional. La coreografía busca el acoplamiento de la danza clásica con la de otros colegas que bailan otros estilos. Sin embargo, la idea era, en mi visión, la de llenar un escenario con diferente modos de movimiento como una forma de demostrar esa mezcla de razas, orígenes y modos de ser que tenemos los venezolanos.
“Florentino somos todos” nos decía Mariela para ayudarnos a entender lo que necesitamos sentir para nuestra interpretación. Pero más allá que una vía para transmitir un sentimiento escenográfico, Florentino nos puede enseñar cuan fuertes o débiles podemos ser ante las adversidades, ante los retos; estos representados en un Diablo que sin cachos, ni cola, ni fuego en la boca nos acaricia constantemente para caer en cada uno de esos obstáculos y quedarnos allí con él, en la angustia, la desdicha y la infelicidad.
Pero como Florentino hizo, es nuestra propia decisión y la confianza en sí mismo lo que nos hace ganar. Siempre.

Hoy vuelvo a ser una virgen, que por cierto baja de una soga. Momento genial.

03 mayo, 2009

“Amaranta, en cambio, cuya dureza de corazón le espantaba, cuya concentrada amargura la amargaba, se le esclareció en el último examen como la mujer más tierna que había existido jamás, y comprendió con una lastimosa clarividencia que las injustas torturas a que había sometido a Pietro Crespi no eran dictadas por una voluntad de venganza, como todo el mundo creía, ni el lento martirio con que frustró la vida del coronel Gerineldo Márquez había sido determinado por la mala hiel de su amargura, como todo el mundo creía, sino que ambas acciones habían sido una lucha a muerte entre un amor sin medidas y una cobardía invencible, y había triunfado finalmente el miedo irracional que Amaranta le tuvo siempre a su propio y atormentado corazón.”
Gabriel García Márquez.
Cien años de soledad.

29 abril, 2009

Hoy celebro

Hace un tiempo atrás mientras estudiaba comunicación social, trabajé como periodista.
Obviando los pormenores de mi experiencia personal, creo que haber estudiado esa carrera me ha permitido ver con otros ojos y entender la vida de otra manera; o al menos muy difierente a como la ven muchos de mis actuales colegas.
No lo critico.
Algunos pequeños hechos los últimos días me han recordado la época cuando vivía con mi grabadora y una cámara digital en mi bolso pues en cualquier momento podía hacer una entrevista o tomar una fotografía que luego sería publicada. (aquí por cierto)
Disfruté mucho el hecho de conocer gente, espacios, mentes, actos, episodios pasados que llevaron a lo que ocurría en ese momento. Muchas veces me veía muy ocupada, pero entre la universidad y el ballet, siempre hallé el tiempo para ir a donde fuese necesario, entrevistar, obtener información y luego sentarme a redactar lo que había observado y vivido.
El placer de escribir me quedó desde entonces, quizá por eso estudié comunicación, y aunque con seguridad podría ser mejor escritora, me afano bloggeando para no perder ni la costumbre ni la satisfacción.
Debo confesar que en ocasiones extraño esa labor de investigar, indagar y conocer, que me permitió aprender cuando hacía de periodista. Sin embargo, no me arrepiento.
Mi trabajo actual es mi vida y lo amo.
Sigo investigando, indagando y conociendo pero de una manera diferente, al estudiar cada personaje que interpreto, al conocerme a mí misma como artista: hace unos meses me hallaba desglosando el hecho de ser una niña soñadora, luego una gitana en una plaza de Barcelona, hoy personifico una guerrera tártara, la próxima semana una virgen que protege a Florentino del diablo...

Mientras tanto, aquí dejo las palabras que tratan de explicar todas esas búsquedas y las novedades que descubro.
Hoy el es Día Internacional de la Danza y lo celebro con pasión y orgullo.
...y con toda la intensidad del mundo!

02 marzo, 2009

buscando incertidumbres y seguridades

A la rutina, a la vida conocida, al Ávila, al calor de trópico, a mis faldas, al Teatro, a mi café recién colado…volví.
Hace diecisiete días ya que dejé el frío europeo. Y creo (del verbo debo admitirlo pero no del todo) que lo necesitaba. Quizá por el orden o seguridad que otorga una casa, una ciudad, o una simple rutina diaria.
He allí la palabra que ronda últimamente: seguridad. Y con ella, incertidumbre.
Hay algo que me tiene en otra dimensión. No que ello sea difícil que suceda, pero en diecisiete días, algo pasó. Quizás volver y “sentir que es un soplo la vida”, como dice la canción de Gardel y Le Pera.
Vivir la incertidumbre de experimentar, de conocer lo nuevo, de temer, de atreverse y disfrutarlo, nutre el espíritu. La seguridad de un hogar, de un trabajo, de un modo de vida, de una pareja, apacigua el espíritu.
Ambas las necesitamos.
Ayer vi Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen. Excelente película valga decir. Y otra vez las dos palabritas. Vicky, un alma llena de seguridad (¿o inseguridades maquilladas?). Cristina una mujer repleta de incertidumbres.
Me vi en un poco de ambas. Pero creo que más con la necesidad de la incertidumbre. ¿Será porque soy virgo? debe ser exceso de tierra del cosmos... necesito que se mueva, se alborote.
Sin embargo, hoy en el ensayo de la variación de saltos, entendí que mirar al piso significa incertidumbre, o mas bien inseguridad. No, en ese caso no la quiero. Miro a mi público, miro mi sangre que hierve con cada grand jetté, con total seguridad. En escenario y en salas de ensayos (ah sí, y en la vida) la necesito.