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17 mayo, 2014

Estamos hechos de historias


¿Qué hace a una vida una historia interesante para ser contada?  Me enseñaron en primaria que como seres vivos tenemos tres funciones básicas: nacer, reproducirnos, morir. Creciendo fui entendiendo que como seres humanos, la lista de verbos cuando apenas se palpa es casi infinita.

Tengo esta idea de que soy muchas mujeres. Las que soy habitan en mi desde hace tantos años; la historia que conozco por mi lado materno empieza con mi bisabuela y su valor para dejar la crianza de su hija (mi abuela) a cargo de otras mujeres que forjaron el carácter de ella, el de mi madre, y como consecuencia, el mío. También tengo esta tonta idea de escribir un libro que narre a todas esas mujeres que por herencia soy, y las que he acogido en el camino como las compañeras de mis experiencias, de mis proyectos e incluso de mis guayabos.

¿Y quién leería mi historia?

Foto de una historia de hace muchos años en Falcón
Historias hay tantas en el mundo como para que cada una sea un hilo que teja un manto que cubra la Gran Sabana; seguramente sobraría hilo. Historias de parejas para siempre, de uniones fracasadas, de logros, de frustraciones, de madres solas y valientes, de hombres sin esperanzas, de líderes, de sociedades maltratadas, historias de infancias con papagallos y aprender a nadar, de grandes artistas exiliados en el olvido, de decisiones y muertes que cambiaron vidas (¿o acaso la vida no iba a ser asi de todos modos?). De todas las que existen, hay algunas que se cuentan entre generaciones hasta que desaparecen en las andanzas del tiempo, a veces se pintan, otras se danzan, se cantan, también se tratan de olvidar a tragos de vino tinto o whisky. Otros más atrevidos o talentosos las escriben, o las hacen películas.

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla” dice el epígrafe de las memorias del Gabo. Y qué es nuestra vida para nosotros sino lo que de ella evocamos. No podemos recordar absolutamente todo, lo que rememoramos es lo que decidimos mantener para la posteridad, ya sea por satisfacción, trauma, impresión o descuido. Incluso, la versión de nuestra historia es seguramente distinta a la que otros tienen del mismo episodio. Discriminamos imágenes, rostros y aromas; omitimos frases, gestos, rechazos; rescatamos tactos, climas, sabores; mantenemos abrazos, visiones y puestas de sol. (ya había escrito algo asi)

Lo que más me conmueve son los que se atreven a contarla, a predicarle al mundo que por alguna razón es necesario que sea escuchada, y ya sea un motivo personal o social, esa historia tiene el espíritu aventurero de salir de su anonimato y ser reconocida. Lo dijo Eduardo Galeano, estamos hechos de historias (y yo creo que esto es así), entonces ciertamente (y me gusta creerlo) la vida se trata de los episodios que nos ocurren a diario, de las anécdotas que comienzan en un momento del día y duran 15 segundos o 20 años, de las experiencias que nos causan alegrías, impotencias y nos forjan la vida.

No se a quién le importaría mi historia, pero seguramente debe ser emocionante y aleccionador tomar el riesgo de volver al pasado, hurgar en las distintas aristas de nuestras propias vidas y echar el cuento. Quienes lo hacen con temor o con seguridad, quienes toman el riesgo porque sí, ayudan a tejer el manto del que estamos hechos en este mundo.  Y eso es admirable.

21 agosto, 2013

Un ventilador. De la serie: regalos que quiero para mi cumpleaños.

No puedo dormir,  de nuevo la migraña. Siempre que me desvelo pienso en La Noche/1 de Galeano. Me gusta cómo asume su imposibilidad de siquiera intentar quitársela de la mente y simplemente dormir.
Ahora yo no quiero asumir eso,  por algo Eduardo escribe y a mi se me complica intentarlo.
Para dormir bien justo ahora yo necesito un ventilador.  El que usaba cuando salí de casa de mis papás duró mas de lo debido,  de algun modo logré extender su obsolescencia programada, como he hecho desde niña. Parece ser un talento natural.  Incluso se extendió su funcionalidad el día que Salvador -mi sobrino de menos de 2 años en ese momento- aseguró que no había mejor artefacto en toda la casa con el cual jugar. 
Desenchúfese, sea feliz Salvador. Pero te lo va a dañar Berna. Pues qué bueno que lo haga, asi me compro otro.

Pero "me compro otro" no ha sucedido y Salvador ya pronto cumple 3. En este punto de insomnio,  calor y migraña me reprocho no haberlo hecho.
Una vez, condiciones similares me inspiraron una historia. Hoy hacen que me provoque sacarte de la garganta y decirte que te quedes. Pero yo no se sacarme cosas de allí.
Ya vuelvo, ahora me ha dado por toser.
LA NOCHE/1
"No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta"
Eduardo Galeano

04 septiembre, 2012

"Siempre somos bailarinas"

Estábamos sentadas viendo una función de danza contemporánea y ella me dijo esto: “siempre somos bailarinas”. Esa vez estaba sentada en las butacas como espectadora, como el resto del público a mi lado, no bailando. Y me quedé pensando en esa afirmación.

Cierto es que se me hace difícil disfrutar una función de ballet o cualquier tipo de danza como lo haría cualquier persona que no baila. No puedo dejar de pensar en los pies, en las líneas, en la coordinación del cuerpo, y de éste con la música. Particularmente le presto mucha más atención a la fluidez del movimiento, quizá porque es algo que siempre estoy buscando en mi misma. Pero definitivamente, eso de “relajarme” para ver danza sobre las tablas, no lo logro. Precisamente, porque soy bailarina.

Pero más allá del modo de apreciar otros bailarines danzando, se trata del modo de decir, pensar y actuar, en fin del modo de ser. En cada bailarín o bailarina es distinto, pero hay una esencia que desborda nuestra cotidianidad, quizá por la disciplina que nos obliga felizmente a llevar el cuerpo al máximo; o el sentir los rayos de sol, una mirada, una palabra oportuna con la misma sensibilidad de nuestra piel hacia la música. No puedo evitar el sentido de la estética, la búsqueda de una determinada belleza, y ni hablar de la perfección y los detalles. ¡Y cuánta frustración existe en el fracaso! Si falla un proyecto o una relación, como si erraras en el mismo escenario.
Foto: ballerinaproject.com

Creo que bailo todo el tiempo, creo que cada momento vivido, sufrido, llorado, celebrado y compartido, es material útil para el arte que quiero transmitir, desde el ensayo, hasta los aplausos en el teatro.

Sí, siempre somos bailarinas, en el mercado escogiendo los tomates, caminando en el metro, incluso extrañando en las distancias y en la impaciencia del tiempo por transcurrir –porque nuestra carrera, que es corta, como que nos hace menos pacientes.

Siempre somos bailarinas, y he descubierto cuánto encanta, cuán desconocido es  y cuánto temor genera. Admiración, desconocimiento y temor.

Pero no lo puedo evitar, decidí serlo cuando todavía no sabía comer pescado con espinas; y aunque decida retirarme, estoy segura que lo seguiré siendo, porque vino conmigo en el paquete. 
Y la verdad, no me conozco de otra forma.

27 marzo, 2012

Esta vez, la locura

Invitaste a la locura sin permiso, mas bien la llamaste.
Entonces la escuché en esas notas ya conocidas.
Charlamos y coqueteó.
Pícara locura.
Observó la humedad de mis ojos, el reflejo de mi cabello, los pliegues de mi piel.
Sentí su aliento en mis poros mientras cuestionaba su presencia.
Yo suspiraba.
Bendita locura.
Hurgando entre el cuello y mi espalda la dejé conquistar mi mente, donde poderosa -siempre- se instala a favor.
De nuevo ella danzando.
Queriendo ser y estar, entrar y salir.
Y yo sonreía, le agradecía y le pedía que no se alejara.
Necesaria locura.
Entre la danza y la luz, la locura.
La que reina en las pasiones, la que arriesga sin temor, la que estampa distinción.
Tu locura.
Mi locura.
Que sea siempre ella la que ensamble estos mundos andados.
¿y por qué no?

26 julio, 2011

Por la Vinotinto... ¡salud!

Si sólo una emoción se me pudo haber permitido estos días –cosa que nunca sucede- fue el orgullo. Mi dosis de vocación de periodista nunca se ha inclinado por la rama deportiva y no es lo que pretendo ahora, pero mi papá y mi hermano, en casa y en el pasado, se dedicaron a enseñarnos a mi hermana y a mi lo que implica el fútbol. El entusiasmo por un equipo y las reacciones semi-fanáticas (nunca llegan a los excesos) vinieron después con la edad, los amigos, los criterios propios y el mejor entendimiento de un deporte que es capaz de paralizar países, continentes y hasta el mundo entero.
Esta vez mi orgullo tuvo un seudónimo: Vinotinto.
Y un espacio de lugar y tiempo: Copa América 2011.
Para todos, y no temo en negar excepciones, la labor del equipo venezolano en esta Copa fue una inesperada y –afortunadamente para nosotros- grata sorpresa.
Sin siquiera sospecharlo al inicio de los encuentros, la Vinotinto logró entrar en el grupo de los mejores cuatro, y a pesar de que el partido de la semifinal finalizó en un decepcionante resultado, es un adjetivo totalmente antagónico el que describe el desempeño de los jugadores venezolanos.
Para mi, en mi escaso conocimiento cuantitativo del fútbol, la Vinotinto se plantó en el terreno con más firmeza y jugó con seguridad, sangre y amor. No, no era seguidora ni fanática, no creo tampoco que a partir de ahora me convierta en fiel hincha, pero si grité y salté en sus triunfos y lloré casi desconsolada al concluir aquellos penaltis decisivos. Y lo volvería a hacer con agrado, porque en estas pocas semanas, esos jugadores demostraron que los venezolanos estamos hechos de ganas de triunfo, de pasión por lo que hacemos, de valor, de la capacidad que tenemos de hacer las cosas bien.
Muchos fueron los comentarios que en las redes sociales se emitieron debido a los triunfos y los fracasos de la Vinotinto, pero todos tenían en común el orgullo de sabernos un país capaz y próspero, que con empeño y ganas se puede hacer posible, lo que se creía imposible. Si tan sólo pusiéramos ese mismo empeño en todas las cosas que hacemos, en el trato con los demás inquilinos de este país, en apreciar más el Ávila y agobiarse menos por el tráfico diario que no podemos resolver.

Dicen que Venezuela hizo historia en la Copa América. Yo no lo garantizo, eso lo leíy lo escuché. Pero sí certifico que lo viví y que me dejó orgullosa de mi país.


paz.-

16 mayo, 2011

Introspección

Cuando de emociones se trata, en ocasiones me encuentro con todas volcadas en mi estómago. Quizá perciban otros un tanto de bipolaridad en los contrastes emocionales que se me presentan, pero desde las vísceras hasta la cabecita que tengo -bueno, algunas veces- me puedo entender.

Una cantidad de situaciones he estado viviendo en torno al Teatro y al oficio que hago. La cuota de incomprensión y escasa valoración del arte -que no sucede solo aquí, estoy segura- ha generado descontentos y acciones que nos ha encendido en los bailarines la lámpara de alerta en defensa de nuestra labor.
Y eso está bien, muy bien.

Es aquí donde se mezclan las emociones: dosis de decepción, pizcas de tristeza, cucharadas de impotencia. Sin embargo no merma la sobredosis de amor y ganas de seguir bailando y generando en el escenario lo que es imposible sentir en otro lugar. E insisto, en ningún otro lugar.

Luego de unos meses, vuelvo a la Ríos Reyna. Siempre me será emocionante montarme en ese escenario, no existe otro espacio que se compare, quizá por representar una meta lograda, retos que van andando y otros que vendrán. Hasta ahora, y a pesar de un montón de contratiempos, el 2011 se vislumbra con un montón de buenas y nuevas oportunidades que me llevan con ansiedad -de la buena- y –más- alegría a las tablas.

Cada día me convenzo más de que me encanta hacer lo que hago, para vivir –¿o sobrevivir?- pero definitivamente porque es mi razón poderosa de vida. Si me preguntan, esta vez seré tres personajes tan distintos e histriónicos, y cuánto me emociona interpretar cada uno como si ellos mismo representaran todo esta melcocha de emociones en un solo estómago.

Cupido, la Bruja y una chica que visitando un museo se enamora.
Así de distintos son.
Aseguro dejar los hiatos en estas Siluetas y explicarlos cada uno antes de bailarlos. A modo de hacer catarsis y compartir en letras –lo más que pueda- lo que danzo.


paz.-

11 febrero, 2011

En Paria y en paz

Hace unos meses, creo que en septiembre, tuve un imperioso y claro deseo: “quiero playa y que esté bien lejos”. Se mezclaron las dificultades vía Cadivi con mis ganas perennes de conocer más rincones de mi país, investigué y la conclusión no pudo ser más acertada: Península de Paria.
Conozco poco el oriente, así que fue perfecto y con una genial compañera de viajes me fui.

Naturaleza: Las montañas que caen al mar, la selva húmeda, las aguas más cercanas al océano, el encanto de la playa con la frescura de tanta vegetación junta, y por sobre todo: Cacao.
Lugares: estado Sucre, sembradíos de cacao y sus siempre protectores bucares, aguas muy calientes de forma natural, San Juan de las Galdonas y su misterioso encanto, la montaña y allí mismo el mar, y al final, donde parece no llegar más nada entre frío de selva y calor de arena, playa Pui Puy.
Gente: los pescadores y el pescado fresco respectivo (aunque ahora las nuevas generaciones prefieren criar pollos porque les es más fácil); los que secan el cacao en las aceras, en el asfalto de todas las carreteras; los de las historias en los camiones -único medio de transporte entre poblados- con sus frases dignas de sabiduría popular -verdades absolutas-; los que te indican el camino a cualquier lugar aunque por la velocidad en su modo de hablar no se entienda mucho; los que conocen a todos y te dicen “dígale a fulanito que pasó por aquí, yo lo conozco”; la señora de las empanadas; la que no iba al “comemuslo”, porque eso se lo deja a la juventud; los que dan la cola porque van al mismo sitio -“yo la llevo”-; los que aconsejan tener cuidado en todas partes; el que da sin recibir; los chicos que tenían tres semanas sin querer volver, el argentino que tenía más de un mes, y Agustina…

En Pui Puy, decidió ella vivir y además recibir a todos los que con su mochila y carpa deseen acampar. Su bienvenida, sin ser muy cálida ofrece la confianza, la tranquilidad y la seguridad de que no existe mejor lugar en el mundo. La energía que emana su casa, su jardín y sus alrededores, con fogón y montaña respectivos, reúne justamente la energía que Pui Puy, con toda su virginidad, transmite.
No hay austeridad, pero sí todo lo contrario de opulencia. No hay ruido, no hay discordancia, hay armonía, fluidez, generosidad, reciprocidad, paz.
Compartir en su casa, con ella y todos los que coincidimos aquellos días buscando esa paz, fue una experiencia que aun no se me sale de la mente y la evoco a ratos consciente, otras sin querer. Y me cuestiono la cantidad de problemas y necesidades que uno se genera innecesariamente, todos casi siempre irreales o con poca sustancia. Agustina vive allí, con lo que consigue en los conucos de los vecinos, con lo que nosotros los que la visitamos le queremos dar. Ella y su hija, una criatura de un metro de estatura, rulos dorados y ojos inmensos.
Agustina es mi ejemplo de la certidumbre de que estás donde debes estar y si no te sientes bien, entonces como a la tierra, hay que moverse hacia donde simplemente te sientas bien contigo y el Universo. Siempre volveré a ver a Agustina, sé que lo haré y en la próxima oportunidad le llevaré lo que no necesita pero que seguramente lo agradecerá con un abrazo y yerba, que –con fortuna- nunca le falta.


paz.-

15 septiembre, 2010

ese día de mi Buenos Aires querido

Uno de esos días, bajé y salí del lugar donde me hospedaba.
Mi relación con Buenos Aires desde que había llegado hacía dos dias atrás había sido muy turística, demasiado para mi gusto, no porque había usado el famoso autobús de dos pisos que pasea por los principales lugares de la ciudad –elemento de transporte que me causa una desagradable impresión-, ni porque me había parado en cada esquina a tomar fotografías –pues mi cámara se dañó justo dos semanas antes del viaje-, sino más bien porque me había limitado –sin darme cuenta hasta entonces- a dirigirme hacia los lugares típicamente “importantes”. Creo que me había creado expectativas ajenas y sin percatarme había generado una cuota de arrogancia a la espera de lo que la ciudad podía ofrecerme, y no lo recibía.
Un día soleado, con unos 14 grados de temperatura y el espíritu preparado como si estuviera en una de las patas lista para danzar en el escenario, salí sencillamente a caminar.
Soy creyente de que si deseas conocer un lugar debes empezar por conocer a la gente, así que con esto en mente –y por la cercanía- inicié el recorrido en la calle Florida, un bulevar con apariencia a Sabana Grande.
Mucha gente, muchos comercios, totalmente contrario a lo que añoro, pero me dejé llevar… y allí unos minutos y otros metros después, escuché a lo lejos lo que me llevó a conocer Baires: Tango.
Un bandoneón, un cello, un teclado, una guitarra y cuatro músicos hacían sonar a Piazzolla como si a través de sus entrañas un mensaje del más allá les llegara diciéndoles incesantemente que debían tocar allí, ASÍ.
No lo había sentido la noche anterior al entrar (y bailar, claro) en la primera milonga que había estado en esa ciudad, pero allí, frente al grupo y aquel pibe que tocaba el bandoneón asemejando la rendición de Piazzolla con ese instrumento, lo entendí.
Entendí que Buenos Aires es entrega del alma y del cuerpo entre sus calles, sus teatros, sus librerías; es nostalgia de amores, de sangre, de humo, nostalgia que se respira en los balcones, en las puertas, en el Río de la Plata, en el mate. Buenos Aires es orgullo de tango, de letras, de poesía, de vino, de fútbol; y es pasión que se refleja en lo que hacen, son y transmite su gente.
Siempre quise entender por qué la fama de engreídos –cuando los argentinos que había conocido hasta entonces son todo menos eso- y allá lo comprendí. Vivir cotidianamente con tantas intensidades –asumo- te hace esperar más de la vida, te permite disfrutar cada minuto con un té y una conversación sincera, en la que los cinco sentidos están dispuestos sólo para recibir el calor humano de la compañía, del momento que se vive y se valora, porque es allí en esa ciudad, en esa calle, en ese café donde se sienten de un solo golpe la entrega, la nostalgia, el orgullo y la pasión.
Allí, frente a esos músicos de la calle Florida, mi espíritu se hizo pedacitos y lloré rendida a los pies de Buenos Aires, al calor del tango. A partir de ese momento, observé, degusté, escuché, olí y toqué la Baires de Gardel, la Baires de Cortázar y la Baires que hice mía.

paz.-

02 agosto, 2010

Que los dejo por el tango!

Y con ganas de milonguear, dejo un intento de nota de despedida.
Hace dos meses me lo propuse, lo "decreté", compré el boleto y mañana parto.
Argentina, la conoceré. Chile, la encontraré nuevamente.
Dentro de un vorágine de emociones -que como me dijeron me hacen sentir viva- me preparo para dejar estas latitudes tropicales y lluviosas, y conocer el invierno sureño que además ha estado fuerte este año.
A mi me mueve la danza, y eso es definitivo, así que ansío encontrarme con el tango, allá de donde viene este hermoso baile porteño de nervios y sangre, que se mueve mejor cuando se hace con instinto y sin defensa.
Andaré por los fríos viñedos mendozinos antes de partir a la tierra después de la cordillera, que ya conocí pero que no me cansará mientras allí me reciban dos seres especiales.
Con algunas bufandas, café y chocolates me despido, y ya volveré con libros y (relleno luego el blanco) botellas de vino. Materializando con ellas, las energías que moveré, que me renovarán y que me traerán de vuelta... si quieren.
Ya contaré mientras pueda y no esté milongueando!

Salud!

28 junio, 2010

Incluso yo te extraño ya, Chocolate Sebastián

Yo no crecí con mascotas ni con la intención de querer una. Nunca fui de las que soñó o le pidió a su mamá incesantemente tener un perrito, un gatico, pajarito o lo que sea. Lo más cercano a mascotas que recuerdo pudo haber existido en mi casa fue un morrocoy que quizá llegó tal cual como se fue –sin darnos cuenta- y dos conejos –Sancono y Mineli- que duraron en mi hogar poco menos de un año y mi madre los regaló en vista de las innumerables gripes y alergias que mi hermana y yo –de entre 3 y 4 años respectivamente- adquiríamos constantemente.
Por el hecho de que a mi mamá no le gustan las mascotas, en mi casa no hubo animales desde entonces hasta hace 5 años, cuando llegó Chocolate.
El espíritu rebelde de mi hermana lo trajo a la casa –en contra de la opinión de mamá- y cuando mi padre lo vio fue amor a primera vista.
Era un pequeñito labrador color marrón, de ojos verdes, juguetón en exceso, tierno, hermoso, desordenado y torpe. A mí, poco amiga de los perros, me pareció un espécimen tan adorable que era inevitable acariciarlo –y para mí eso es bastante decir. Desde el primer día declaré mi desprendimiento a cualquier responsabilidad que con Chocolate se relacionara, lo mismo que mi mamá, y de esa manera entró un nuevo ser vivo a mi hogar. La primera mascota que realmente tuvimos en casa.
Sinceramente, yo no entendía aquello del amor incondicional que se tiene por los animales, y el dejar de hacer cosas, o planificar la vida y los días por ellos. Con Chocolate, mi hermana y mi papá lo entendí durante estos últimos años.
“Los perros son personas buenas” dice una buena amiga, y debe ser cierto. Chocolate era el primero en alegrarse de las llegadas a casa de cualquiera de nosotros, advertía cualquier imprevisto, presentía algunas despedidas temporales y acompañaba en todo momento. A mi –que los últimos años me veía algún que otro fin de semana- me movía la colita cuando lo saludaba así fuera de lejos, me olía siempre y se volvía loco si tenía el período, se comió mi tutú un día antes de una función, me acompañaba todas las noches pues dormía justo al lado de la ventana de mi cuarto y por esto mismo me molestaba cuando hacía sus necesidades por allí… y me gustaba acariciarlo con la planta de mi pie, era como un masaje mutuo.
Pero ayer murió.
No me provoca describir el dolor que siento, ni el que sentimos en mi familia luego de que hayan transcurrido poco más de 5 años con Chocolate en casa. Después de haber entrado tímidamente en mi hogar ganándose el corazón de todos nosotros.
Murió porque así debía de ser –supongo, como todo- y ahora sí entiendo lo del amor incondicional y el dolor que se puede sentir por la muerte de un perro, como si fuera una persona. Yo no lo comprendía, ayer lo aprendí.
Cierto es que no era una persona, era un perro. Pero realmente no era sólo un perro y me sorprendió haber escuchado a mi mamá diciendo: “No decíamos, cómo está el perro, sino cómo está Chocolate”.
Desde su llegada, hasta hoy y seguramente por siempre a mi me quedará la costumbre de ver un labrador en la calle y decir “es un Chocolate”.

24 junio, 2010

Instantes de escapismo

Unas respiraciones rítmicas y continuas, un té de menta, Cortázar...

Tratándose de actividades realizadas con el fin único de apartarse de la rutina, el hastío y las incomprensiones cósmicas, es como los gustos: nada se ha escrito.
Tan imprescindibles como el religioso café negro de las siete de la mañana y tan necesarias como un buen calentamiento de los tobillos antes de la clase.
No había entendido cómo transcurrió este último mes sin que pasara por aquí a dejar siquiera un rastro de grafema, y aunque varias veces lo intenté siempre fueron conatos inútiles. Luego –quizá mejor que comprenderlo, me excuso- me percaté que he estado, sin darme cuenta, en varias de esas actividades escapistas tratando de hurgar en espacios ahuecados queriendo rellenarlos con nuevas –o quizá no tan nuevas, sino otras- vibraciones.
¿Suena esotérico?
Pues no lo es.
El vino siempre ha estado de número uno, pero explorado con olfatos y bocas que perciben distinto el mismo caldo se vigoriza de tal manera que se logra fácilmente lo que busco en cada clase de yoga, en cada respiración: vivir el presente, el ahora. Lo que según algunas filosofías es lo que hay que hacer. Nada fácil, lo deben saber.
La música, fiel e inevitable acompañante, que en mi caso puede iniciarse en ensimismamientos con Rachmaninoff o Chopin pero que en frecuentes ocasiones halla en Janis Joplin clímax de emociones, en Jim Morrison espacios de abstracción y en Gardel, Sabina y Norah Jones soledades acompañadas.
Un café o dos, una conversación, o dos o tres, y las que le siguen por mero placer de escuchar una voz o un por qué sin respuestas que ni siquiera son necesarias.
Instantes de nada y de todo a la vez. Momentos de descubrir, reubicar y reflexionar. Cortázar aísla y cuánto hace falta; Pizarnik –mi más reciente- me desprende de a pedacitos tal como lo prefiero –un tanto masoquista, eh…bailarina al fin.
Pero el ballet, desde siempre debe ser la cumbre de todas esos espacios necesarios para escapar y hallar en algún lado la razón de seguir y andar por donde no se sabe mientras que se hace el sendero caminando.
Ahora no pido sugerencias, sólo busco mis métodos, los encuentro y voy discriminando lo que sí y lo que no. Quien lea y quiera compartir sus escapismos personales, bienvenidos sean.

paz. siempre, paz.


Nota:
Escapismo: m. Actitud de quien se evade o huye mentalmente de la realidad.

22 mayo, 2010

La Valse de Ravel

Existe música de la cual no queda otra que enamorarse.
Pudiese hablar aquí del concierto para piano y orquesta N.2 de Rachmaninov, o del segundo nocturno de Chopin. Pero esta vez me referiré a un amor reciente: La Valse de Maurice Ravel.

Tenía algún tiempo de conocerla, pero la verdad no la había entendido.
Ravel definió La Valse como un poema coreográfico, el cual generó en su estreno en 1920 quizá un tanto de incomprensión. Originalmente el compositor tenía la idea desde 1906 de rendir homenaje al gran imperio astro-húngaro a través de sus cortes vienesas, un mundo el cual admiraba. Pero dicha visión fue vertiginosamente modificada por la aparición de la Primera Guerra Mundial, cuyas consecuencias devinieron en el deceso del fascinante imperio.

La decepción y el asombro que produjeron en Ravel tales acontecimientos, lo llevaron a transformar la idea inicial de su vals en una deconstrucción del mismo, involucrando secretamente entre sus notas y silencios un enorme bagaje histórico y cultural manifestados en un imperio que brilló en una época de derroches y hedonismo, y cuyo poder sucumbió como consecuencia de la Guerra.

Sergei Diaghilev le encargó a Ravel la música para sus Ballets Ruses, sin embargo luego de haberla escuchado la rechazó con las siguiente célebre frase: “Ravel, c'est un chef-d'œuvre, mais ce n'est pas un ballet. C'est la peinture d'un ballet” (Ravel, es un gran compositor, pero esto no es un ballet, es la pintura de un ballet). Fue la separación definitiva en la relación de trabajo entre ambos.

El compositor describió La Valse con el siguiente prefacio a la partitura: “A través de brumas, se pueden distinguir vagamente parejas danzando el vals. La bruma gradualmente se disipa y de pronto se ve un inmenso salón lleno de parejas girando. La escena gradualmente se ilumina, las luces de los candelabros arden. Situado en una corte imperial, alrededor de 1855”

Algo que me atrae inevitablemente a Ravel es su capacidad de orquestar la música. La partitura fue inicialmente escrita para piano pero luego, al incorporarla a la orquesta involucra la cantidad variada y justa de instrumentos que transmitan lo que él quiere decir –o no quiere dejar tan en claro- con ella. Al principio, los cellos empiezan a mostrar esa “bruma” que Ravel infiere, poco a poco otros instrumentos se van incorporando pero con melodías más bien fraccionadas, creando imágenes de algo que no está pero que va apareciendo. Más tarde surge el vals que a lo largo de la obra está más bien cercenado en distintos falsos clímax que desembocan en un final apoteósico, distinto al resto de la escritura. En un no vals.

Para los músicos, es una obra compleja de tocar, para el director, un reto dirigir, para bailarla… creo que hay que entenderla. Yo ya caí en la irremediable subjetividad del enamoramiento hacia La Valse aunque no sea de las obras musicales mejor comprendidas.
Debe ser por eso.

Más que leerla, mejor escucharla.
- La Valse para dos pianos (parte 1)
- La Valse para dos pianos (parte 2)
- La Valse (orquesta) - parte 1
- La Valse (orquesta) - parte 2

03 mayo, 2010

Desde la barra. Journal post-operatorio VIII - día 76

La primera y fundamental parte de la clase es la barra, y va así:
Tendu, plié, más tendus, más pliés. Luego grand pliés en las cuatro posiciones, jeté, rond de jambe, fondue, frappé, rond de jambe en l'air, adagio, y grand battement jeté, todo acompañado de port de bras, estiramientos, balances...y música, sobre todo música.
Son básicamente los ejercicios de barra, cada maestro con su estilo, sus cuentas, su orden, y sus cantidades. Yo los nombro sólo por el único y exclusivo hecho de que... los puedo hacer!

"El cuerpo te irá diciendo" me dijeron ambos médicos, y aunque tenía semanas deseando escuchar aquellas palabras que fueron algo semejante a la felicidad, realmente sentí un poco de temor de no tener una dirección -representada en mi terapeuta o médico- en cuanto a qué hacer y qué no.

Luego de una semana, hoy los tobillos me dijeron "prueba".
Y probé.
Hacía cuatro meses que no me las colocaba, hoy las intenté. En mi ya estaban, y en una calma un tanto ansiosa poco a poco me paré sobre sus plataformas. Que viniera a mi la sensación que hace más de un año no percibía fue seguramente aun más cercano a la felicidad.
Pero como dicen que la felicidad no se consigue fácil, tuve que quitármelas pronto, no por dolor, sino por debilidad. Es lógico. Así que ya va encaminado todo el trabajo necesario para volver a fortalecer estos tobillos bailarines y contentos.

Por cierto, Felíz Día de la Danza a los bailarines que leen esto, aunque retrasado.
Dispénseme ustedes, entenderán que estaba celebrando :)

22 abril, 2010

Bailarina otra vez. Journal post-operatorio VII - día 65

"Temprano", como todos los días, me desperté con entusiasmo.
Sí, definitivamente era un día esperado.
El "hola berna" estaba incluso más lleno de alegría sabiendo que ese, con todas las esperanzas puestas, era el último de aquella tanda de sesiones. Eve fue como siempre excelente en su trato conmigo y con mi pie, pero me confesó que me extrañaría aunque le alegraba que lo próximo que ocurriría era verme bailar.
Me arriesgo a decir, que esa mañana tuve la sensación similar -guardando las enorme diferencias- de la última clase de ballet del año en pleno Cascanueces.

21 de diciembre. Respiré profundamente y empecé. Sabía que sería mi última clase del año y quién sabe por cuánto tiempo. Así que una parte de mi sentía la nostalgia de terminar la temporada, de dejar la barra por unos meses, mientras que en la otra me poseía la placidez de poder descansar de tanto trabajo y aquel dolor innecesario que ya había sido suficiente.

Terminé mi terapia número 25 y no cabía en mi la alegría y satisfacción de haberlas finalizado bien. Pero esperaba el decreto final de la fisiatra quien con tranquilidad y sin titubeos me dejó libre de otras sesiones de fisioterapia y con el permiso pleno de empezar a trabajar.
Pero con cuidado, el cuerpo te irá diciendo lo que debes hacer.

Así que en pocos días iniciaré mi nueva y ansiada relación con mi tobillo, con mi cuerpo, con la barra. He aprendido a escucharme, a tener paciencia, a no dejarme vencer. Llegó la hora de demostrar si es cierto todo eso que (digo) aprendí y recordar la sabroso de danzar. Poco a poco!

El proceso será como deba ser. Así me lo dije incluso antes de la cirugía, sin apuros para no tropezar, aunque las ganas de sentir las puntas en mis pies me tientan sin recato.
Pero como ya lo aprendí, no me dejo vencer.

Empieza esta bailarina a intentarlo otra vez!

paz.-

12 abril, 2010

Good news. Journal post-operatorio VI - día 55

Era un teatro distinto parecido a aquel de Salto pero distinto; mucho más grande, no tenía buena iluminación, su luz tenía un tono ocre y el olor de la sala era una mezcla de humedad y aserrín. Pero no era desagradable ni el ambiente ni el olor.
Ellas completaban casi la hora de ensayo mientras que las tablas se quejaban debido a los años, pero soportaban aquellos saltos como agradecidas por mantenerlas vivas. Yo observaba, puntas puestas, el lugar que debía ocupar, los pasos que debía dibujar, escuchaba los compases que debía explicar. Luego, ella bajó caminó hasta mi, me tomó de la mano y subiendo unos cinco escalones estaba sobre el escenario.
"Entra ahí, tú sabes lo que debes hacer" - y lo sabía, me lo decía, pero incluso los propios errores y defectos se involucran en nuestros sueños, y en este caso la terquedad y la curiosidad se juntaron para experimentar mis tobillos con las puntas mientras marcaba los pasos.
Y molestó.
¿Y si sabía lo que debía hacer, por qué no lo hice?


Día 55 y se siente fuerte.
No perfecto y no lo pretendo a menos de dos meses de la cirugía, pero poco menos de casi perfecto. Good news. Bonnes nouvelles. De 15 más que debí continuar, llevo cumplidas 9 terapias, en las que los pliés se logran con dificultad grado 1 y los relevés se hacen con dos y una pierna. Plus bonnes nouvelles. Aun no corro, ni salto pero sigue la paciencia merodeando y bienvenida, además "yo se lo que debo hacer" y eso es no apresurarse.
Algo que he entendido durante este proceso es que me satisface y tranquiliza darme cuenta que siempre tengo un modo de saber qué hacer y por dónde ir.
Quizá la fuerza que he logrado recuperar en mis tobillos viene de otra que la estoy consiguiendo por allá adentro.
Irónico que para eso hacía falta reposo.


paz.-

04 abril, 2010

Se busca sentido

A veces me pregunto cuál es el sentido de este blog.
Empezó por una necesidad de involucrar mi arte, que sólo expreso a través del movimiento, con las palabras. Lo inicié con Giselle, hace casi dos años, luego siguieron otros ballets, otros - roles, otras experiencias, otros escenarios, otras vivencias.
Más tarde surgió la lesión, con la cual aun hoy convivo tratando de sobrellevar el postoperatorio del Os Trígono, consecuencia directa de todo un torbellino de frustraciones, inseguridades y deseos de empezar de nuevo. Empezar bien.

No me había detenido a pensar todo lo que podía aprender con una pausa en mi oficio.
Le tuve miedo, mucho miedo, pero aun así me atreví, un poco por el cansancio de la rabia, del ceder. Me creo una valiente. No se si lo sea, pero de pronto se me viene a la mente que mis letras llegarán a alguien que en el algún momento necesite un empujoncito para tomar una decisión que realmente importa.
¿Operación o No operación? ¿Bailar o No bailar? Era allí el dilema.
Y me sigo preguntando por qué escribo esto.

A veces creo que algún otro u otra colega consternado/a por alguna lesión o situación encuentre en estas líneas un apoyo (como me ha pasado a mi leyendo otros blogs). Quizá sea la razón. También pienso que alguien en este mundo loco de la web consiga interés en las discordantes letras de una bailarina que hace algunos intentos por parecer coherente. Muchas veces sucede que escribo para ser leída por alguien específico, en ocasiones sin saber si llegó el mensaje, sin querer saberlo si quiera, pero deseando el mensaje en el target. Claro. En algún otro trance, simplemente me antojo de hurgar entre las palabras que se mezclan con algunas vísceras que incomodan al respirar.

¿Por qué escribo?
Después de unos años danzando ahora empiezo a pensarlo detenidamente. Aun no está tan claro como "¿por qué bailo?”, pero sigo escribiendo, porque algo sí es seguro, siempre escribo para mí y para mantener en movimiento lo que, pase lo que pase, no dejaré de mover jamás y eso es el alma alborotada de esta mente con ganas siempre de todo, casi nunca de nada.

paz.-

02 abril, 2010

Cambios (v2.0)

Los anhelamos, los pensamos, los planeamos, les huimos, los perdemos, los enfrentamos, nos asustan, nos angustian...
Cambios.
Entre el usual ruido nocturno de mi habitación y el sueño luego de haberle dado una nueva fachada a mis siluetas, no me provoca ahondar en el asunto de los cambios, pero al menos aquí dejo uno que me atreví a hacer finalmente (merci Lulú).
Cambios.
Time of changes.
A veces ni se planean y resultan ser los mejores. Ellos vienen solos, se acercan, los sientes, te preparas y zas! ...pues llegó y no te diste cuenta.
Sin embargo, aunque ya me lo han objetado en varias oportunidades, definitivamente no siempre son para bien.
Vamos a ver como se comporta este cambio de imagen, con mis siluetas, con mi tobillo y conmigo.

Y siguiendo con los cambios, aquí una canción de Tracy Chapman.
Su título, claro está: Change

If you knew that you would die today,
Saw the face of God and love,
Would you change?
If you knew that love can break your heart
When you're down so low you cannot fall
Would you change?
How bad, how good does it need to get?
How many losses? How much regret?
What chain reaction would cause an effect?
Makes you turn around,
Makes you try to explain,
Makes you forgive and forget,
Makes you change?
Makes you change?
If you knew that you would be alone,
Knowing right, being wrong,
Would you change?
If you knew that you would find a truth
That brings up pain that can't be soothed
Would you change?
Are you so upright you can't be bent?
If it comes to blows are you so sure you won't be crawling?
If not for the good, why risk falling?
Why risk falling?
If everything you think you know,
Makes your life unbearable,
Would you change?
If you'd broken every rule and vow,
And hard times come to bring you down,
Would you change?
If you knew that you would die today,
If you saw the face of God and love,
Would you change?

17 marzo, 2010

Aprendiendo. Journal post-operatorio V - día 28

Si los cuento van 28, pero hoy es 17 asi que cuento un mes.
Un mes. Lo repito y no me lo creo.
(tiempo éste que pasa "volando")
Un poco contradictorio, considerando la cantidad de gotitas de paciencia que me he tenido que tomar, las únicas dos veces que se me agotó y no conseguía el frasquito, las mañanas y tardes que se me fueron leyendo, escribiendo tejiendo y descubriendo quien sabe cuantas cosas en internet.
La fisiatra me recomendó que considerara este tiempo como "vacaciones", pero de verdad que sin paseos, frío, playa o vino, estas no son vacaciones!
Sin embargo de todo hay que aprender en la vida y aunque todavía no quería contabilizar lo que "he aprendido" con la cirugía, el reposo y la rehabilitación me ha provocado dejar algo, para recordar más adelante, cuando este presente que relato sea un pasado que existió para poder ser mejor persona, mejor bailarina, mejor mujer.

1- ¿Cómo explicar lo de absorber la paciencia? Sólo podría decir "ten paciencia", porque no se cómo es que la he abordado yo misma. O si, pensando que todo tiene su justo momento (y cada vez estoy más convencida de eso) hago lo que en ese momento esté a mi alcance y me provoque, y no lo que HAY que hacer porque no hay tiempo de más nada. Denominador común.
2- La rutina es necesaria, no una estricta porque no la soportaría por mucho tiempo, pero un orden de vida mantiene la mente dentro de un espacio organizado y por lo tanto, tranquilo. Así cualquier alteración puede ajustarse a dicha rutina, o viceversa.
3- Tantas horas, días y años en la danza me han permitido estar realmente consciente de mi cuerpo. Lo noto en las terapias: las personas normalmente no atienden ni entienden los movimientos que deben hacer, sin embargo, me llama la atención que nosotros los que danzamos, los que trabajamos con el cuerpo, estamos en un gremio donde abundan los fumadores, bebedores, los desórdenes alimenticios y los escasos tiempo de descanso.
4- Querer sí es poder. Cada día me sorprendo de lo que he avanzado. Sí lo esperaba pero no tan pronto, y pues pronto es. El peligro de esta fase es que me encuentro en el punto preciso donde creo que ya estoy tan bien que puedo lanzarme y algo pueda fallar. Pero ....
5- Soy inteligente. Ahora escucho mejor lo que mis tobillos me dicen, así que no me dejaré engañar por el diablillo que se me posa sobre el hombro derecho (sí, el derecho, porque el izquierdo es el lado des-ostrigonado)
6- Muy bonito todo esto pero no me engaño, definitivamente sí extraño mis puntas, mis tendus, mis saut de chats, mis variaciones, mi pelear con el espejo, mi afanarme por las piruetas y los fouettés, el piano, la sala, la música...

Lo extraño. Lo necesito. De verdad.

(y cuánto más)

15 marzo, 2010

En terapia. Journal post-operatorio IV - día 26

Luego de cinco camino perfectamente.
Cualquiera que viera mi andar en la calle no creería que hace 26 días mi tobillo fue abordado posterolateralmente para la extracción de un os trígono. En términos más cristianos, quiere decir que fue cortado, abierto y hurgado para sacar de allí un huesito cuya forma es algo parecido a un diente de ajo, pero de esos ajos grandes, blancos y suculentos que pocas veces se consiguen en el super.
Llegué el primer día con todo el entusiasmo de dar otro de tantos pasos hacia mi recuperación, y en sólo cinco sesiones, cuánto más he aprendido de aquel extremo de mi, tan querido y odiado a la vez el último año.
-Ya no más, que quede claro, no te odio-
Antes que empieces, quiero que sepas que este no es cualquier tobillo, este es el de una bailarina que bailará de nuevo y mejor que antes, así que confío en tus manos. Y en sus manos confié y lo sigo haciendo, ya que fiel creyente de que “nada sucede, ni nadie llega por casualidad”, ella está conmigo para ayudarme.
Esto también lo debí haber soñado.
Hasta ahora, faltan cinco.
Los demi pliés se me complican bastante pues involucran el elongamiento de los peroneos que están muy contraídos debido a la cirugía, pero lo que realmente me inquieta es que ya mañana iniciaré los relevés.
-él no está inquieto, aun no lo sabe; yo si, ya hablaré con él-
Así pues, mañana nos entenderemos él y yo con nuestro nuevo relevé.
Le gustará, estoy segura que sí.


paz.

02 marzo, 2010

Miedos. Journal post-operatorio III - día 14

Cuando él me dijo "párate sobre ambos pies", sólo respiré profundo y poco a poco lo hice.
Luego me sorprendió con un "ahora da un paso, camina hacia mi".
En ese momento lo miré fijamente, y sin darme cuenta empecé a verme hacia adentro. A veces quisiera lograr esa interiorización tan rápidamente como en aquel instante, que habrá durado no más de un segundo.
Pensé en el hueso que ya no estaba porque nunca debió haber estado, ¿o si? -me pregunté una vez más- deseando saber -de nuevo- por qué era yo la que estaba pasando por esto y no otra persona. Pensé en cómo habría resultado la cirugía y en si ese tobillo, que hacía ocho días recibía una sutura, hoy estaba listo para recibir el peso de mi cuerpo. Pensé por qué se me ocurrió haber tomado esta decisión y recordé de nuevo todas las veces que no pude ensayar, o que lloré de rabia, o que no dormía porque el fulano huesito molestaba, entonces de nuevo ratifiqué que estaba bien. Y ¿por qué yo?, una vez más. Sentí que se me acercaba la inseguridad y la retiraba -lo lamento, ya no eres bienvenida- y luego fue como si todos los miedos se me atosigaron como al final de un embudo y se escurrian desde mi mente hacia mi tobillo y no podía mover un músculo.
En aquel parvo espacio, no podía estar más segura y confiada, y sin embargo sentí miedo.
Miedo que me cuestionaba, miedo que me inmovilizaba, miedo heterogéneo, miedo absurdo.
Miedo. Y pensé en las personas que pasan por estados de inmovilidad casi absoluta y luego de meses logran levantarse y se enfrentan al reto de dar ese paso.
Miedo. Quizá al dolor, o al fracaso, a haber fallado en esta determinación.
Y me di cuenta del valor que se necesita para vencer este impenetrable miedo para dar ese paso que te dice: adelante, tú puedes.
Volví, lo miré a él y le pregunté: "¿hay alguna manera que me haga daño con este paso?" y su absoluto, rotundo e indiscutible NO, me regresó a mi interior y mandé al carajo todos los miedos en un sólo saco -como mismo se aparecieron-, respiré, me sonreí a mi misma, apoyé mi pie y di ese paso.
Esa vez, la recordé hoy porque volví a tomar valor y di un paso... sin muletas.
Volví a sonreirme y, una vez más, mandé cualquier miedo y duda al carajo.