Hace unos días, vi el cortometraje titulado "Dime que yo" de Manuel Gil. Me gustó, me pareció real, con una pizca de crudeza y una dosis de romanticismo, y me dejó pensando si es que amar a alguien (y en este caso me refiero sólo al amor de pareja) no tiene nada que ver con “dar y recibir” o “dar sin esperar recibir”, sino que mas bien se trata de amplificar el amor propio a través de la otra persona.
Si se trata de no esperar nada a cambio, aquello no debe durar mucho tiempo. Si se trata de dar y recibir a partes iguales no debe ser amor lo que parece ser condicionado. Si se trata de amarME a través de la otra persona, ¿es realmente amor?
Podría hacerme las mil preguntas para recibir aun más respuestas que generen otro aumento en número de preguntas y seguramente todavía no lo entendería.
El amor, entonces, no debe ser para entenderlo, sino para sentirlo.
Y de hecho lo compruebo: mis padres cumplen 35 años de casados.
Defiendo el hecho que casarse no es lo mismo que amarse, incluso se que hay gente que no se casa “por amor”.
Creo (mis conclusiones, ya que no lo he vivido) que casarse es un gran contrato lleno de mini contratos diarios para compartir la vida con una pareja, pero cómo abundan las que dejaron de hacer contratos por el hastío o porque, simplemente, se acabó el amor.
Son pocos, pero al contrario de lo que muchos creerían, todavía existen los hombres y mujeres que después de muchos años de matrimonio aún mantienen las ganas de seguir compartiendo, viviendo y aprendiendo con su esposo o esposa.
Mis padres son un ejemplo, y mientras celebrábamos tal episodio de sus vidas no pude evitar sentirme orgullosa de que ese par se mantenga, increíblemente, como dos recién enamorados.
Una amiga me insistía que eso ya no existe hoy día y es verdad: los divorcios, las separaciones, las soledades disfrazadas, el miedo al compromiso están a la orden del día. Por ello culpemos al calentamiento global, a la crisis económica mundial o a la era de la información, no obstante, de alguna manera todos terminamos buscando (algunos encontrando) aquella media naranja o medio tomate o medio melón que nos despierte las ganas de sentir el fulano destello de lo que le dicen amor.
Se me antoja ilustrar con este video del pas de deux del balcón de Romeo y Julieta de Kenneth Mc Millan, maravillosamente interpretado por la Rojo de España y el Acosta de Cuba.
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22 marzo, 2010
05 marzo, 2010
¿Qué es arte?
Recientemente vi de nuevo una película que me gusta mucho: Mona Lisa Smile. Ambientada en la década de los 50, desarrolla las situaciones en las que se involucra una profesora de arte muy liberal para la época, quien decide enseñar en una escuela para señoritas en la cual los estereotipos y la moralidad rige una generación que estudia sólo para aparentar un estatus que luego será sustituido por ser la “señora” de alguien. En su primera clase Ms. Watson, muestra la pintura “Cadáver” de Soutine (1925) a un grupo de jóvenes acostumbradas a estudiar Degas y Renoir. Ellas no entienden, buscan en sus libros inútilmente y se genera una discusión en la que surge la interrogante: ¿qué es arte? Esta permanece en sus mentes a lo largo de la película. Y en la mía.
No es primera vez que me hago esta pregunta, además que es fácil reconocerlo a través de los clásicos ya sea en las artes plásticas o escenográficas. Pero muchas veces me lleno de indignación de observar como algunas cosas pueden ser llamadas arte.
No soy netamente clasicista ni estoy en contra de todas las expresiones artísticas que puedan ofrecer las nuevas generaciones, pero creo en la sublimación del arte, en su superioridad y en la diferenciación que debe existir con otros tipos de creaciones.
Estuve en el museo de arte contemporáneo Centro Georges Pompidou de París, y mientras recorría sus amplios pasillos me he deleitado con un sin número de obras consideradas hoy día obras maestras del siglo XX. Sin embargo, me topé con algunas “obras” que se acumulan en el espacio de la indignación que comentaba hace dos párrafos.
Un cuadro azul. Bueno, no cualquier azul, era un azul grisáceo o más bien azul marino grisáceo; y tampoco era cualquier cuadro, pues sus orillas tendían ligeramente a la concavidad, así que tampoco era un cuadrado exactamente. ¿Es esto una broma? ¿Es esto arte? Lo veo. Me repito las mismas preguntas unas trece veces más y continúo.
Unos quince metros más adelante del mismo pasillo, otra “expresión artística”: en el piso el tronco de algún árbol cortado longitudinalmente y (creo) barnizado… Me quedé viéndolo, juro que traté de abrir mi mente y aportar nuevas visiones a mi limitado criterio, pero no pude, para mí eso era un árbol muerto.
Me ha pasado cuando asisto a espectáculos de danza contemporánea, en los que debo comprender y apreciar la obra objetivamente sin el juicio filtrado por los ojos de una intérprete y defensora de la danza clásica. No obstante, no me hace falta un significativo esfuerzo y creo saber reconocer lo que se hace bien y lo que se hace mal, o lo que nada dice.
Recuerdo el solo de una chica que caminaba de un lado a otro con el marco de un cuadro y en cada nueva posición se paraba sobre el mismo, sin hacer nada. Luego tres otras –demasiado vanguardista para mi gusto, si de eso se trata- cuya propuesta escénica era un impro con agua, se mojaban, saltaban, se arrastraban en el piso –incluso una tomaba ron antes de su interpretación- pero nunca vi que bailaban.
¿Qué me quieren decir? ¿Es esto danza?
Yo no soy quien para determinar qué es arte -o qué es danza- y qué no lo es y sé que si lo dijera seguramente no importará mucho. No obstante considero al arte ser un indicador tangible de la emoción humana, pero debe tener un modo de ser dicho, expresado y transmitido.
Actualmente, no tienen que haber cánones estrictos que encasillen una intención, ni limitar las vías expresivas, ni manejar un espacio estético predeterminado (aquí entraría la discusión sobre qué es la estética) pero si el arte es lo que ha sido desde que la humanidad existe, y no todo el mundo es considerado artista, ¿por qué habría de ser arte un plano cuadro azul o una mujer sentada dentro de una tina de agua?
Así como me cautiva Monet y Rembrandt, me siento fascinada por Picasso y Dalí, y admiro a Didier (un artista plástico amigo). Así como escucho placenteramente a Chopin y Rachmaninoff, disfruto de The Doors y la Joplin. Y así como vivo por El Lago de los Cisnes y Giselle, me interesa muchísimo el trabajo de Mats Ek y de Wayne Mc Gregor.
No pretendo responder el título de este artículo pues aun sigo explorando para comprender esto que los humanos llamamos arte, y aunque disfruto intentándolo, seguramente no le hallaré respuesta debido a su naturaleza subjetiva.
Aclaro esto. Reconozco y defiendo el discurso que así como la belleza, el arte también está en los ojos de quien lo mire. Esto lo valoro, aunque el criterio de algunos ojos yo no lo comprenda.
Ilustro enlanzando un video de una parte de Infra, coreografía de Wayne McGregor, interpretado por bailarines del Royal Ballet de Londres. Es una pieza abstracta y me parece limpia, excitante y bella, me arriesgo a decir que es como un Soto de la danza. Respetando al Maestro.
No es primera vez que me hago esta pregunta, además que es fácil reconocerlo a través de los clásicos ya sea en las artes plásticas o escenográficas. Pero muchas veces me lleno de indignación de observar como algunas cosas pueden ser llamadas arte.
No soy netamente clasicista ni estoy en contra de todas las expresiones artísticas que puedan ofrecer las nuevas generaciones, pero creo en la sublimación del arte, en su superioridad y en la diferenciación que debe existir con otros tipos de creaciones.
Estuve en el museo de arte contemporáneo Centro Georges Pompidou de París, y mientras recorría sus amplios pasillos me he deleitado con un sin número de obras consideradas hoy día obras maestras del siglo XX. Sin embargo, me topé con algunas “obras” que se acumulan en el espacio de la indignación que comentaba hace dos párrafos.
Un cuadro azul. Bueno, no cualquier azul, era un azul grisáceo o más bien azul marino grisáceo; y tampoco era cualquier cuadro, pues sus orillas tendían ligeramente a la concavidad, así que tampoco era un cuadrado exactamente. ¿Es esto una broma? ¿Es esto arte? Lo veo. Me repito las mismas preguntas unas trece veces más y continúo.
Unos quince metros más adelante del mismo pasillo, otra “expresión artística”: en el piso el tronco de algún árbol cortado longitudinalmente y (creo) barnizado… Me quedé viéndolo, juro que traté de abrir mi mente y aportar nuevas visiones a mi limitado criterio, pero no pude, para mí eso era un árbol muerto.
Me ha pasado cuando asisto a espectáculos de danza contemporánea, en los que debo comprender y apreciar la obra objetivamente sin el juicio filtrado por los ojos de una intérprete y defensora de la danza clásica. No obstante, no me hace falta un significativo esfuerzo y creo saber reconocer lo que se hace bien y lo que se hace mal, o lo que nada dice.
Recuerdo el solo de una chica que caminaba de un lado a otro con el marco de un cuadro y en cada nueva posición se paraba sobre el mismo, sin hacer nada. Luego tres otras –demasiado vanguardista para mi gusto, si de eso se trata- cuya propuesta escénica era un impro con agua, se mojaban, saltaban, se arrastraban en el piso –incluso una tomaba ron antes de su interpretación- pero nunca vi que bailaban.
¿Qué me quieren decir? ¿Es esto danza?
Yo no soy quien para determinar qué es arte -o qué es danza- y qué no lo es y sé que si lo dijera seguramente no importará mucho. No obstante considero al arte ser un indicador tangible de la emoción humana, pero debe tener un modo de ser dicho, expresado y transmitido.
Actualmente, no tienen que haber cánones estrictos que encasillen una intención, ni limitar las vías expresivas, ni manejar un espacio estético predeterminado (aquí entraría la discusión sobre qué es la estética) pero si el arte es lo que ha sido desde que la humanidad existe, y no todo el mundo es considerado artista, ¿por qué habría de ser arte un plano cuadro azul o una mujer sentada dentro de una tina de agua?
Así como me cautiva Monet y Rembrandt, me siento fascinada por Picasso y Dalí, y admiro a Didier (un artista plástico amigo). Así como escucho placenteramente a Chopin y Rachmaninoff, disfruto de The Doors y la Joplin. Y así como vivo por El Lago de los Cisnes y Giselle, me interesa muchísimo el trabajo de Mats Ek y de Wayne Mc Gregor.
No pretendo responder el título de este artículo pues aun sigo explorando para comprender esto que los humanos llamamos arte, y aunque disfruto intentándolo, seguramente no le hallaré respuesta debido a su naturaleza subjetiva.
Aclaro esto. Reconozco y defiendo el discurso que así como la belleza, el arte también está en los ojos de quien lo mire. Esto lo valoro, aunque el criterio de algunos ojos yo no lo comprenda.
Ilustro enlanzando un video de una parte de Infra, coreografía de Wayne McGregor, interpretado por bailarines del Royal Ballet de Londres. Es una pieza abstracta y me parece limpia, excitante y bella, me arriesgo a decir que es como un Soto de la danza. Respetando al Maestro.
“No soy partidario de ninguna escuela, porque soy partidario de la verdad humana, que excluye todo grupo y todo sistema. La palabra “arte” no me gusta; contiene no sé que ideas de disposiciones necesarias, de ideal absoluto. Hacer arte. ¿No es acaso hacer algo que está fuera del hombre y de la naturaleza? Lo que yo quiero es que se haga vida; quiero que el artista sea algo vivo, que cree de nuevo, fuera de todas las escuelas, según sus propios ojos y su propio temperamento. Lo que busco ante todo en un cuadro es un hombre y no un cuadro”
- Émile Zola (1866)
- Émile Zola (1866)
06 febrero, 2010
¿Amor?
Hace un año, el Gabo me acompañó mientras conocía las tierras de Napoleón y Baudelaire, con El amor en tiempos de cólera. Es una historia fascinante -como bien sabe narrar él- que deja la interrogante en forma de rastro en el inconciente, o quizá en el bien conciente de lo que significa realmente el amor, protagonista de casi todas las historias.
Mi abuela decía que si no hay una historia de amor en una película entonces no es buena.
No hay manera de equivocarse en aquella afirmación, pues el trillado concepto le toca a todo el mundo la fibra, los nervios y el mediano músculo que está en el pecho el cual se acelera con cada encuentro y desencuentro amoroso. Incluso con un diminuto pensamiento.
Recién vi la película del homónimo libro, y -sin querer plasmar una idea crítica de la misma- podría decir que es primera vez que estoy de acuerdo con la manera como pasaron a 35mm una historia tan enriquecida y vívida. Claro está, nunca es igual que la imaginación embriagante que proporciona Gabriel García Márquez.
Sinceramente, creo que para vivir hay que amar. Sí hay tiempo, si no, no se vive.
El amor proporciona sosiego y angustia, esperanza y desaliento, alegría y descontentos, y con todos esos sentimientos y más, da VIDA.
Florentino Ariza desde joven, enamorado, sufrió por Fermina Daza ante su rechazo y juró esperarla hasta volverla a conquistar, pues ella era su verdadero amor. Así la espero 53 años, 7 meses y 11 días, hasta el día que por fin pudieron estar juntos. Su madre, cuando aun joven, lo consuela diciéndole que sufra todo lo que pueda, que ese sentimiento puede no volverlo a tener; su padre, al morir había dicho que lo único que lamentaba es no haber muerto por amor.
Esta es una historia con un final feliz, sin empalagamientos, que quizá sea cierta más frecuentemente de lo que uno se pueda imaginar. Con tanta gente que hay en este planeta, las historias de amor sobran.
El amor empieza en el propio y continúa en lo que haces para dárselo a otro o a otra, esa es una teoría que considero cierta y válida, y aunque no pretendo escribir un ensayo de un tema que aun no entiendo del todo y seguramente luego de más de 53 años tampoco lo sabré comprender a plenitud, creo que sí y definitivamente sí, somos seres que necesitamos del amor. Y en todas sus formas.
Si hay que sufrir, mejor que sea por amor. ¿O no?
Mi abuela decía que si no hay una historia de amor en una película entonces no es buena.
No hay manera de equivocarse en aquella afirmación, pues el trillado concepto le toca a todo el mundo la fibra, los nervios y el mediano músculo que está en el pecho el cual se acelera con cada encuentro y desencuentro amoroso. Incluso con un diminuto pensamiento.
Recién vi la película del homónimo libro, y -sin querer plasmar una idea crítica de la misma- podría decir que es primera vez que estoy de acuerdo con la manera como pasaron a 35mm una historia tan enriquecida y vívida. Claro está, nunca es igual que la imaginación embriagante que proporciona Gabriel García Márquez.
Sinceramente, creo que para vivir hay que amar. Sí hay tiempo, si no, no se vive.
El amor proporciona sosiego y angustia, esperanza y desaliento, alegría y descontentos, y con todos esos sentimientos y más, da VIDA.
Florentino Ariza desde joven, enamorado, sufrió por Fermina Daza ante su rechazo y juró esperarla hasta volverla a conquistar, pues ella era su verdadero amor. Así la espero 53 años, 7 meses y 11 días, hasta el día que por fin pudieron estar juntos. Su madre, cuando aun joven, lo consuela diciéndole que sufra todo lo que pueda, que ese sentimiento puede no volverlo a tener; su padre, al morir había dicho que lo único que lamentaba es no haber muerto por amor.
Esta es una historia con un final feliz, sin empalagamientos, que quizá sea cierta más frecuentemente de lo que uno se pueda imaginar. Con tanta gente que hay en este planeta, las historias de amor sobran.
El amor empieza en el propio y continúa en lo que haces para dárselo a otro o a otra, esa es una teoría que considero cierta y válida, y aunque no pretendo escribir un ensayo de un tema que aun no entiendo del todo y seguramente luego de más de 53 años tampoco lo sabré comprender a plenitud, creo que sí y definitivamente sí, somos seres que necesitamos del amor. Y en todas sus formas.
Si hay que sufrir, mejor que sea por amor. ¿O no?
"Los síntomas del amor se confunden con los del cólera"
G.G.M
G.G.M
26 diciembre, 2009
Resolución para el 2010: VOLAR
Parece que cada artista tiene su rito, mantra o amuleto que invoca o utiliza antes de salir a escena. Unos se estiran de cierta manera, otros no hablan, algunos hablan de más, hay quienes utilizan cintas rojas y piedras contra el mal augurio, y también están los que no hacen nada de esas cosas.
Yo tengo varias: incienso en el camerino, chocolate oscuro y algo que escribo para mi, para darme ese extra de confianza que necesito para salir a bailar. No siempre es lo mismo y generalmente no lo busco, sino que llega a mi, solito, dependiendo del momento que viva.
Para esta última temporada me llegó -y de un lindo modo- lo que me mantuvo segura, feliz y especial, y ahora lo pretendo mantener como un propósito de vida, como una forma de ser.
Eso es: volar.
Porque volando se vive, se crece, se es feliz.
Porque volar es la manera de brillar, tocando el escenario, el mundo y las estrellas todo a la vez.
Porque volando, se llega a donde se quiere, se logra lo que se quiere.
Justo cuando pensaba esto, llegó alguien quien por ninguna razón me regaló unos zarcillos en forma de papagayos. Mi sorpresa fue el haberlos recibido de esa persona, pero mi mayor sorpresa fue cuando me dijo: "son para que puedas volar". Ella no supo lo que me decía, yo si.
A partir del 2010 lo que haré es volar!
He aquí lo que me mandó el universo desde "El lado oscuro del corazón":
"Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo, un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero al hecho que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportar una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias. Pero eso sí, y en esto soy irreductible, no les permito bajo ningún pretexto que no sepan volar. Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo"
paz..!
Yo tengo varias: incienso en el camerino, chocolate oscuro y algo que escribo para mi, para darme ese extra de confianza que necesito para salir a bailar. No siempre es lo mismo y generalmente no lo busco, sino que llega a mi, solito, dependiendo del momento que viva.
Para esta última temporada me llegó -y de un lindo modo- lo que me mantuvo segura, feliz y especial, y ahora lo pretendo mantener como un propósito de vida, como una forma de ser.
Eso es: volar.
Porque volando se vive, se crece, se es feliz.
Porque volar es la manera de brillar, tocando el escenario, el mundo y las estrellas todo a la vez.
Porque volando, se llega a donde se quiere, se logra lo que se quiere.
Justo cuando pensaba esto, llegó alguien quien por ninguna razón me regaló unos zarcillos en forma de papagayos. Mi sorpresa fue el haberlos recibido de esa persona, pero mi mayor sorpresa fue cuando me dijo: "son para que puedas volar". Ella no supo lo que me decía, yo si.
A partir del 2010 lo que haré es volar!

He aquí lo que me mandó el universo desde "El lado oscuro del corazón":
"Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo, un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero al hecho que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportar una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias. Pero eso sí, y en esto soy irreductible, no les permito bajo ningún pretexto que no sepan volar. Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo"
paz..!
10 agosto, 2009
Nadar, nadar! (fe de erratas)
Por distraída, tonta, sonámbula o qué se yo, he borrado por equivocación esta entrada publicada el 27.05.09. Se me ocurrió buscarla en la memoria caché de google et voilá! Así que estará repetida, para mí no para usted, y así no perderla de esta memoria digital de lo que escribo y soy. Con sus comentarios inclusive.
Salud!
Salud!
27.5.09
Nadar, Nadar!
Estoy segura que cada quien tiene sus modos personales de lidiar con la tristeza. Yo veo Buscando a Nemo, la película de Disney.
Quizá no me quite de raíz lo que me esté haciendo sentir mal, pero al menos sonrío (y río mucho por cierto) y vuelvo a recordar la escena en la que Dori (personaje con quien a veces me siento identificada) le pregunta a Marlin (el papá de Nemo) "si la vida te derrota, ¿qué hay que hacer?", como Marlin no sabe, ella le responde con esta canción que seguramente la tendré en mi cabeza hoy todo el día: "Nadaremos, nadaremos, en el mar, el mar, el mar, qué hay que hacer? nadar, nadar".
Una parte de Cien Años de Soledad del Gabo, se desarrolla en el marco de un diluvio que duró "cuatro años, once meses y dos días". Al final del período, el pueblo de Macondo quedó devastado bajo los escombros, sin embargo la "Calle de los Turcos" estaba llena de alegría a pesar de la tragedia. Aureliano Segundo, confundido, le pregunta a los habitantes de la zona "de qué recursos misteriosos se habían valido para no naufragar en la tormenta, cómo diablos habían hecho para no ahogarse". La respuesta, para mi sorpresa fue: "Nadando".
Lo dice Gabo.
Lo dice Dori.
Quizá sea cierto que cuando las cosas van mal lo mejor es seguir nadando. Dejar que la vida fluya, que siga su rumbo mientras nadamos con la corriente.
Más tarde las cosas se esclarecen, o toman un camino que nos hace sentir mejor.
Yo mientras tanto sigo viendo a Dori en los momentos bajos, para que me siga recordando eso que muchas veces olvido.
Quizá no me quite de raíz lo que me esté haciendo sentir mal, pero al menos sonrío (y río mucho por cierto) y vuelvo a recordar la escena en la que Dori (personaje con quien a veces me siento identificada) le pregunta a Marlin (el papá de Nemo) "si la vida te derrota, ¿qué hay que hacer?", como Marlin no sabe, ella le responde con esta canción que seguramente la tendré en mi cabeza hoy todo el día: "Nadaremos, nadaremos, en el mar, el mar, el mar, qué hay que hacer? nadar, nadar".
Una parte de Cien Años de Soledad del Gabo, se desarrolla en el marco de un diluvio que duró "cuatro años, once meses y dos días". Al final del período, el pueblo de Macondo quedó devastado bajo los escombros, sin embargo la "Calle de los Turcos" estaba llena de alegría a pesar de la tragedia. Aureliano Segundo, confundido, le pregunta a los habitantes de la zona "de qué recursos misteriosos se habían valido para no naufragar en la tormenta, cómo diablos habían hecho para no ahogarse". La respuesta, para mi sorpresa fue: "Nadando".
Lo dice Gabo.
Lo dice Dori.
Quizá sea cierto que cuando las cosas van mal lo mejor es seguir nadando. Dejar que la vida fluya, que siga su rumbo mientras nadamos con la corriente.
Más tarde las cosas se esclarecen, o toman un camino que nos hace sentir mejor.
Yo mientras tanto sigo viendo a Dori en los momentos bajos, para que me siga recordando eso que muchas veces olvido.
02 marzo, 2009
buscando incertidumbres y seguridades
A la rutina, a la vida conocida, al Ávila, al calor de trópico, a mis faldas, al Teatro, a mi café recién colado…volví.
Hace diecisiete días ya que dejé el frío europeo. Y creo (del verbo debo admitirlo pero no del todo) que lo necesitaba. Quizá por el orden o seguridad que otorga una casa, una ciudad, o una simple rutina diaria.
He allí la palabra que ronda últimamente: seguridad. Y con ella, incertidumbre.
Hay algo que me tiene en otra dimensión. No que ello sea difícil que suceda, pero en diecisiete días, algo pasó. Quizás volver y “sentir que es un soplo la vida”, como dice la canción de Gardel y Le Pera.
Vivir la incertidumbre de experimentar, de conocer lo nuevo, de temer, de atreverse y disfrutarlo, nutre el espíritu. La seguridad de un hogar, de un trabajo, de un modo de vida, de una pareja, apacigua el espíritu.
Ambas las necesitamos.
Ayer vi Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen. Excelente película valga decir. Y otra vez las dos palabritas. Vicky, un alma llena de seguridad (¿o inseguridades maquilladas?). Cristina una mujer repleta de incertidumbres.
Me vi en un poco de ambas. Pero creo que más con la necesidad de la incertidumbre. ¿Será porque soy virgo? debe ser exceso de tierra del cosmos... necesito que se mueva, se alborote.
Sin embargo, hoy en el ensayo de la variación de saltos, entendí que mirar al piso significa incertidumbre, o mas bien inseguridad. No, en ese caso no la quiero. Miro a mi público, miro mi sangre que hierve con cada grand jetté, con total seguridad. En escenario y en salas de ensayos (ah sí, y en la vida) la necesito.
Hace diecisiete días ya que dejé el frío europeo. Y creo (del verbo debo admitirlo pero no del todo) que lo necesitaba. Quizá por el orden o seguridad que otorga una casa, una ciudad, o una simple rutina diaria.
He allí la palabra que ronda últimamente: seguridad. Y con ella, incertidumbre.
Hay algo que me tiene en otra dimensión. No que ello sea difícil que suceda, pero en diecisiete días, algo pasó. Quizás volver y “sentir que es un soplo la vida”, como dice la canción de Gardel y Le Pera.
Vivir la incertidumbre de experimentar, de conocer lo nuevo, de temer, de atreverse y disfrutarlo, nutre el espíritu. La seguridad de un hogar, de un trabajo, de un modo de vida, de una pareja, apacigua el espíritu.
Ambas las necesitamos.
Ayer vi Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen. Excelente película valga decir. Y otra vez las dos palabritas. Vicky, un alma llena de seguridad (¿o inseguridades maquilladas?). Cristina una mujer repleta de incertidumbres.
Me vi en un poco de ambas. Pero creo que más con la necesidad de la incertidumbre. ¿Será porque soy virgo? debe ser exceso de tierra del cosmos... necesito que se mueva, se alborote.
Sin embargo, hoy en el ensayo de la variación de saltos, entendí que mirar al piso significa incertidumbre, o mas bien inseguridad. No, en ese caso no la quiero. Miro a mi público, miro mi sangre que hierve con cada grand jetté, con total seguridad. En escenario y en salas de ensayos (ah sí, y en la vida) la necesito.
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2 comentarios:
Nada! yo no lo hago en el agua, me da miedo, lo hago en la tierra y en el aire! Y muchas veces acompañada de ti.
Mi niña rubia....tú como nadie sabes nadar entre los inciensos, los sueños y las nubes.Nada, absolutamente nada, puede empañar tu alegría de pajarito nocturno.No dejes que suceda.Sí?...La vida, como la música, tiene sus allegros.Amurallate a ellos y sigue adelante.Un beso de tu otra mamá.