La primera vez que fui a la consulta con mi médico traumatólogo (quien me operó recientemente), me sentenció un reposo con estas palabras: "ustedes son el único gremio que odia cuando les dan reposos".
Y es así. Llevo cinco días en tal estado y no se cómo es que soportaré los diez que me quedan. Pero asumido está, y debo cumplirlo.
Luego de la cirugía, que valga decir resultó exitosa, pensé que me divertiría blogueando, leyendo, tejiendo, y estudiando francés, pero gracias a una incesante y superlativa migraña no había podido pensar mucho y poco me moví de mi cama.
Bueno para el tobillo, malo para mi espalda, terrible para mi cabeza y agobiante para mi mente.
Afortunadamente hoy cesó -y ruego que no vuelva- y pude agilizar la cabecita en otra cosa. Enterarse del mundo y gratas conversas estuvieron en el bureau, pero lo que más me llamó la atención es que tomé el teléfono y durante poco más de una hora no lo solté. Ya sea que me llamaron o yo llamé, creo que no me pasaba desde adolescente, cuando de tanto hablar me quedaba la oreja roja (seee..seee... yo hice eso).
Hace un buen tiempo ya leí en Brida de Paulo Coelho (seee... también leí a Coelho) que hablar por teléfono puede trasladarte a un estado similar al de "ciertos trances mágicos (...) nuestra mente entra en otra frecuencia, queda más receptiva al mundo invisible", todo porque el "ver" y el "hablar" quedan separados.
Y me di cuenta que es posible que el tiempo se pase sin uno darse cuenta, que te hablan a tu lado y optas por ignorar a quien ose interrumpir tu conversación telefónica, que asumes posturas corporales que luego pueden ser olvidadas y das respuestas que podrían no ser apropiadas. Conclusión, hablar por teléfono puede aislarte.
Si vale la pena la conversa, pues bienvenido sea el aislamiento, y la verdad a veces es hasta necesario. Pero en este caso, me justifico desde mi reposo, sin embargo no tolero ni un tanto, aquellos abundantes personajes que se aislan durante citas y reuniones sociales.
Pero ese post lo dejo para luego.
Sigo mejor.
paz.-
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22 febrero, 2010
06 febrero, 2010
¿Amor?
Hace un año, el Gabo me acompañó mientras conocía las tierras de Napoleón y Baudelaire, con El amor en tiempos de cólera. Es una historia fascinante -como bien sabe narrar él- que deja la interrogante en forma de rastro en el inconciente, o quizá en el bien conciente de lo que significa realmente el amor, protagonista de casi todas las historias.
Mi abuela decía que si no hay una historia de amor en una película entonces no es buena.
No hay manera de equivocarse en aquella afirmación, pues el trillado concepto le toca a todo el mundo la fibra, los nervios y el mediano músculo que está en el pecho el cual se acelera con cada encuentro y desencuentro amoroso. Incluso con un diminuto pensamiento.
Recién vi la película del homónimo libro, y -sin querer plasmar una idea crítica de la misma- podría decir que es primera vez que estoy de acuerdo con la manera como pasaron a 35mm una historia tan enriquecida y vívida. Claro está, nunca es igual que la imaginación embriagante que proporciona Gabriel García Márquez.
Sinceramente, creo que para vivir hay que amar. Sí hay tiempo, si no, no se vive.
El amor proporciona sosiego y angustia, esperanza y desaliento, alegría y descontentos, y con todos esos sentimientos y más, da VIDA.
Florentino Ariza desde joven, enamorado, sufrió por Fermina Daza ante su rechazo y juró esperarla hasta volverla a conquistar, pues ella era su verdadero amor. Así la espero 53 años, 7 meses y 11 días, hasta el día que por fin pudieron estar juntos. Su madre, cuando aun joven, lo consuela diciéndole que sufra todo lo que pueda, que ese sentimiento puede no volverlo a tener; su padre, al morir había dicho que lo único que lamentaba es no haber muerto por amor.
Esta es una historia con un final feliz, sin empalagamientos, que quizá sea cierta más frecuentemente de lo que uno se pueda imaginar. Con tanta gente que hay en este planeta, las historias de amor sobran.
El amor empieza en el propio y continúa en lo que haces para dárselo a otro o a otra, esa es una teoría que considero cierta y válida, y aunque no pretendo escribir un ensayo de un tema que aun no entiendo del todo y seguramente luego de más de 53 años tampoco lo sabré comprender a plenitud, creo que sí y definitivamente sí, somos seres que necesitamos del amor. Y en todas sus formas.
Si hay que sufrir, mejor que sea por amor. ¿O no?
Mi abuela decía que si no hay una historia de amor en una película entonces no es buena.
No hay manera de equivocarse en aquella afirmación, pues el trillado concepto le toca a todo el mundo la fibra, los nervios y el mediano músculo que está en el pecho el cual se acelera con cada encuentro y desencuentro amoroso. Incluso con un diminuto pensamiento.
Recién vi la película del homónimo libro, y -sin querer plasmar una idea crítica de la misma- podría decir que es primera vez que estoy de acuerdo con la manera como pasaron a 35mm una historia tan enriquecida y vívida. Claro está, nunca es igual que la imaginación embriagante que proporciona Gabriel García Márquez.
Sinceramente, creo que para vivir hay que amar. Sí hay tiempo, si no, no se vive.
El amor proporciona sosiego y angustia, esperanza y desaliento, alegría y descontentos, y con todos esos sentimientos y más, da VIDA.
Florentino Ariza desde joven, enamorado, sufrió por Fermina Daza ante su rechazo y juró esperarla hasta volverla a conquistar, pues ella era su verdadero amor. Así la espero 53 años, 7 meses y 11 días, hasta el día que por fin pudieron estar juntos. Su madre, cuando aun joven, lo consuela diciéndole que sufra todo lo que pueda, que ese sentimiento puede no volverlo a tener; su padre, al morir había dicho que lo único que lamentaba es no haber muerto por amor.
Esta es una historia con un final feliz, sin empalagamientos, que quizá sea cierta más frecuentemente de lo que uno se pueda imaginar. Con tanta gente que hay en este planeta, las historias de amor sobran.
El amor empieza en el propio y continúa en lo que haces para dárselo a otro o a otra, esa es una teoría que considero cierta y válida, y aunque no pretendo escribir un ensayo de un tema que aun no entiendo del todo y seguramente luego de más de 53 años tampoco lo sabré comprender a plenitud, creo que sí y definitivamente sí, somos seres que necesitamos del amor. Y en todas sus formas.
Si hay que sufrir, mejor que sea por amor. ¿O no?
"Los síntomas del amor se confunden con los del cólera"
G.G.M
G.G.M
11 octubre, 2009
Zingarella de Traviata
Desde que leí La Dama de las Camelias de Alejandro Dumas, me enamoré de La Traviata. No soy bien conocedora de ópera, pero la disfruto muchísimo, y al menos puedo reconocer si esta bien, eso es, cuándo me llega y cuándo no -subjetividad al fin-.
Este fin de semana interpreto una zingarella (y sigo con el personaje) que baila alegremente en la fiesta de casa de Flora. Esta escena es la más alegre de toda la ópera: entramos las gitanas y los toreros a entretener el banquete. Pero en la historia, cuando llega Violeta y se encuentra a su forzosamente abandonado Alfredo, el clima cambia abruptamente en una melancolía por la humillación que Alfredo le causa a ella debido a la ruptura, desconociendo el sacrificio que Violeta ha hecho por amor.
No quiero explicar aquí la historia, para eso está internet.
Sin embargo, cuando la música cambia, y toda la alegría festiva se transforma en pesadumbre, viene a mi en pleno escenario, una nostalgia que aun despues de un año de conocer la ópera y bailar en ella, desconozco de dónde proviene.
Quizá sea porque Verdi es ciertamente pleno al pigmentar con notas musicales las emociones de la obra, o porque siento real la angustia que vive Violeta, o tal vez porque simplemente dejo que el momento me llene de nostalgia, pues el escuchar y sentir aquello en pleno escenario es único... y realmente sabroso! :)
Considero la obra de Dumas, un elogio al amor, más que Romeo y Julieta -como comunmente se dice- y para mi, esta ópera es un hermoso homenaje a dicha obra literaria. Ambos finales son diferentes, pero si bien lo supo decir Dumas con palabras, Verdi lo enalteció con la música.
¿Cómo no disfrutar tal sublimación de una historia de amor?
paz.-
Este fin de semana interpreto una zingarella (y sigo con el personaje) que baila alegremente en la fiesta de casa de Flora. Esta escena es la más alegre de toda la ópera: entramos las gitanas y los toreros a entretener el banquete. Pero en la historia, cuando llega Violeta y se encuentra a su forzosamente abandonado Alfredo, el clima cambia abruptamente en una melancolía por la humillación que Alfredo le causa a ella debido a la ruptura, desconociendo el sacrificio que Violeta ha hecho por amor.
No quiero explicar aquí la historia, para eso está internet.
Sin embargo, cuando la música cambia, y toda la alegría festiva se transforma en pesadumbre, viene a mi en pleno escenario, una nostalgia que aun despues de un año de conocer la ópera y bailar en ella, desconozco de dónde proviene.
Quizá sea porque Verdi es ciertamente pleno al pigmentar con notas musicales las emociones de la obra, o porque siento real la angustia que vive Violeta, o tal vez porque simplemente dejo que el momento me llene de nostalgia, pues el escuchar y sentir aquello en pleno escenario es único... y realmente sabroso! :)
Considero la obra de Dumas, un elogio al amor, más que Romeo y Julieta -como comunmente se dice- y para mi, esta ópera es un hermoso homenaje a dicha obra literaria. Ambos finales son diferentes, pero si bien lo supo decir Dumas con palabras, Verdi lo enalteció con la música.
¿Cómo no disfrutar tal sublimación de una historia de amor?
paz.-
09 octubre, 2009
Carmen...la que baila
Se acerca Carmen, pero no la que contaba 16 años. Esa no.
Sino la basada en la historia de Merimée y la música de Bizet. Esa Carmen que en esta oportunidad, de ópera se convierte en ballet para mostrar una historia de apasionamiento, amor, desamor, encanto, desencanto, deseo, fortaleza, seducción, libertad, muerte... Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Ahora recuerdo que los bailarines de estilo contemporáneo, nos critican muchísimo a los que danzamos clásico porque las historias de ballet están "pasadas de moda".
Pasadas de moda.
-Entonces será que Beethoven, Da Vinci y Dumas también deben estar pasados de moda-
Cuando se estrenó la ópera en 1875, fue un total escándalo y un gran fracaso. Hoy día es una de las más famosas del mundo. ¡Y cuánto de amor y desamor no tenemos en pleno siglo XXI!
Pero lo que yo hago no es ópera, es ballet, y narrar la atmósfera de esta historia con el cuerpo es todo un reto histriónico. Aquí dejo de ser una "delicada bailarina" (¿pasada de moda?) para ser una gitana, tabacalera, escandalosa, libre de espíritu que no se prende de nada ni nadie. Disfruto mucho este papel. Debe ser por la cuota de "zíngara" que siempre he tenido dentro.
Habré sido una de ellas en alguna vida pasada. ¿Quién sabe?
Sino la basada en la historia de Merimée y la música de Bizet. Esa Carmen que en esta oportunidad, de ópera se convierte en ballet para mostrar una historia de apasionamiento, amor, desamor, encanto, desencanto, deseo, fortaleza, seducción, libertad, muerte... Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Ahora recuerdo que los bailarines de estilo contemporáneo, nos critican muchísimo a los que danzamos clásico porque las historias de ballet están "pasadas de moda".
Pasadas de moda.
-Entonces será que Beethoven, Da Vinci y Dumas también deben estar pasados de moda-
Cuando se estrenó la ópera en 1875, fue un total escándalo y un gran fracaso. Hoy día es una de las más famosas del mundo. ¡Y cuánto de amor y desamor no tenemos en pleno siglo XXI!
Pero lo que yo hago no es ópera, es ballet, y narrar la atmósfera de esta historia con el cuerpo es todo un reto histriónico. Aquí dejo de ser una "delicada bailarina" (¿pasada de moda?) para ser una gitana, tabacalera, escandalosa, libre de espíritu que no se prende de nada ni nadie. Disfruto mucho este papel. Debe ser por la cuota de "zíngara" que siempre he tenido dentro.
Habré sido una de ellas en alguna vida pasada. ¿Quién sabe?
10 agosto, 2009
Nadar, nadar! (fe de erratas)
Por distraída, tonta, sonámbula o qué se yo, he borrado por equivocación esta entrada publicada el 27.05.09. Se me ocurrió buscarla en la memoria caché de google et voilá! Así que estará repetida, para mí no para usted, y así no perderla de esta memoria digital de lo que escribo y soy. Con sus comentarios inclusive.
Salud!
Salud!
27.5.09
Nadar, Nadar!
Estoy segura que cada quien tiene sus modos personales de lidiar con la tristeza. Yo veo Buscando a Nemo, la película de Disney.
Quizá no me quite de raíz lo que me esté haciendo sentir mal, pero al menos sonrío (y río mucho por cierto) y vuelvo a recordar la escena en la que Dori (personaje con quien a veces me siento identificada) le pregunta a Marlin (el papá de Nemo) "si la vida te derrota, ¿qué hay que hacer?", como Marlin no sabe, ella le responde con esta canción que seguramente la tendré en mi cabeza hoy todo el día: "Nadaremos, nadaremos, en el mar, el mar, el mar, qué hay que hacer? nadar, nadar".
Una parte de Cien Años de Soledad del Gabo, se desarrolla en el marco de un diluvio que duró "cuatro años, once meses y dos días". Al final del período, el pueblo de Macondo quedó devastado bajo los escombros, sin embargo la "Calle de los Turcos" estaba llena de alegría a pesar de la tragedia. Aureliano Segundo, confundido, le pregunta a los habitantes de la zona "de qué recursos misteriosos se habían valido para no naufragar en la tormenta, cómo diablos habían hecho para no ahogarse". La respuesta, para mi sorpresa fue: "Nadando".
Lo dice Gabo.
Lo dice Dori.
Quizá sea cierto que cuando las cosas van mal lo mejor es seguir nadando. Dejar que la vida fluya, que siga su rumbo mientras nadamos con la corriente.
Más tarde las cosas se esclarecen, o toman un camino que nos hace sentir mejor.
Yo mientras tanto sigo viendo a Dori en los momentos bajos, para que me siga recordando eso que muchas veces olvido.
Quizá no me quite de raíz lo que me esté haciendo sentir mal, pero al menos sonrío (y río mucho por cierto) y vuelvo a recordar la escena en la que Dori (personaje con quien a veces me siento identificada) le pregunta a Marlin (el papá de Nemo) "si la vida te derrota, ¿qué hay que hacer?", como Marlin no sabe, ella le responde con esta canción que seguramente la tendré en mi cabeza hoy todo el día: "Nadaremos, nadaremos, en el mar, el mar, el mar, qué hay que hacer? nadar, nadar".
Una parte de Cien Años de Soledad del Gabo, se desarrolla en el marco de un diluvio que duró "cuatro años, once meses y dos días". Al final del período, el pueblo de Macondo quedó devastado bajo los escombros, sin embargo la "Calle de los Turcos" estaba llena de alegría a pesar de la tragedia. Aureliano Segundo, confundido, le pregunta a los habitantes de la zona "de qué recursos misteriosos se habían valido para no naufragar en la tormenta, cómo diablos habían hecho para no ahogarse". La respuesta, para mi sorpresa fue: "Nadando".
Lo dice Gabo.
Lo dice Dori.
Quizá sea cierto que cuando las cosas van mal lo mejor es seguir nadando. Dejar que la vida fluya, que siga su rumbo mientras nadamos con la corriente.
Más tarde las cosas se esclarecen, o toman un camino que nos hace sentir mejor.
Yo mientras tanto sigo viendo a Dori en los momentos bajos, para que me siga recordando eso que muchas veces olvido.
24 junio, 2009
19 mayo, 2009
Quince
Ando con ganas de escribir, de decirlo todo. Pero prefiero mejor no.
Quizá sea que el Poeta haya cambiado de dimensión, o es el reposo ya decidido pero forzoso lo que me tiene así. Con esto de no se qué decir.
(O no sé cómo decir?)
Ayer, temprano en la mañana la piel erizada me despertó, en la clase la molestia que no pasa me desbordó la paciencia, en la tarde la decisión me desubicó, el viento y el café me hablaron de calma y cerca de la noche las palabras “dulces” me dieron ánimo.
Pero la paciencia se agota y el ánimo desvanece.
Quince días.
Quince días alejada de la sala H y del escenario para sanar totalmente.
¿Volveré a escuchar las palabras “dulces” cuando sienta que se va esfumando la energía?
No respondas. Preferiría escuchar que sí y no más.
Debo hacerlo: lo de "defender la alegría" como lo dijo el Viejo.
Quizá sea que el Poeta haya cambiado de dimensión, o es el reposo ya decidido pero forzoso lo que me tiene así. Con esto de no se qué decir.
(O no sé cómo decir?)
Ayer, temprano en la mañana la piel erizada me despertó, en la clase la molestia que no pasa me desbordó la paciencia, en la tarde la decisión me desubicó, el viento y el café me hablaron de calma y cerca de la noche las palabras “dulces” me dieron ánimo.
Pero la paciencia se agota y el ánimo desvanece.
Quince días.
Quince días alejada de la sala H y del escenario para sanar totalmente.
¿Volveré a escuchar las palabras “dulces” cuando sienta que se va esfumando la energía?
No respondas. Preferiría escuchar que sí y no más.
Debo hacerlo: lo de "defender la alegría" como lo dijo el Viejo.
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
(...)
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
(...)
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar y también de la alegría.
Defensa de la Alegría
Mario Benedetti
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
(...)
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
(...)
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar y también de la alegría.
Defensa de la Alegría
Mario Benedetti
17 mayo, 2009
Siempre
Antes de mí no tengo celos.
Ven con un hombre a la espalda,
ven con cien hombres en tu cabellera,
ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies,
ven como un río lleno de ahogados
que encuentra el mar furioso,
la espuma eterna, el tiempo!
Tráelos todos
adonde yo te espero:
siempre estaremos solos,
siempre estaremos tú y yo
solos sobre la tierra
para comenzar la vida!
Ven con un hombre a la espalda,
ven con cien hombres en tu cabellera,
ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies,
ven como un río lleno de ahogados
que encuentra el mar furioso,
la espuma eterna, el tiempo!
Tráelos todos
adonde yo te espero:
siempre estaremos solos,
siempre estaremos tú y yo
solos sobre la tierra
para comenzar la vida!
Pablo Neruda
Los versos del capitán.
Los versos del capitán.
03 mayo, 2009
“Amaranta, en cambio, cuya dureza de corazón le espantaba, cuya concentrada amargura la amargaba, se le esclareció en el último examen como la mujer más tierna que había existido jamás, y comprendió con una lastimosa clarividencia que las injustas torturas a que había sometido a Pietro Crespi no eran dictadas por una voluntad de venganza, como todo el mundo creía, ni el lento martirio con que frustró la vida del coronel Gerineldo Márquez había sido determinado por la mala hiel de su amargura, como todo el mundo creía, sino que ambas acciones habían sido una lucha a muerte entre un amor sin medidas y una cobardía invencible, y había triunfado finalmente el miedo irracional que Amaranta le tuvo siempre a su propio y atormentado corazón.”
Gabriel García Márquez.
Cien años de soledad.
Cien años de soledad.
30 marzo, 2009
me dio por Bach
Todos los seres, todos los acontecimientos de tu vida, están ahí porque tú los has convocado. De ti depende lo que resuelvas hacer con ellos //
Sin duda, tu coraza te protege de la persona que quiere destruirte. Pero si no la dejas caer, te aislará también de la única que puede amarte //
¿Y que harías si Dios hablara directamente a la cara y os dijera: "Os ordenos que sean felices en el mundo mientras vivan"?, ¿qué harías entonces? //
(todos de) Richard Bach.
Sin duda, tu coraza te protege de la persona que quiere destruirte. Pero si no la dejas caer, te aislará también de la única que puede amarte //
¿Y que harías si Dios hablara directamente a la cara y os dijera: "Os ordenos que sean felices en el mundo mientras vivan"?, ¿qué harías entonces? //
(todos de) Richard Bach.
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2 comentarios:
Nada! yo no lo hago en el agua, me da miedo, lo hago en la tierra y en el aire! Y muchas veces acompañada de ti.
Mi niña rubia....tú como nadie sabes nadar entre los inciensos, los sueños y las nubes.Nada, absolutamente nada, puede empañar tu alegría de pajarito nocturno.No dejes que suceda.Sí?...La vida, como la música, tiene sus allegros.Amurallate a ellos y sigue adelante.Un beso de tu otra mamá.