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26 julio, 2011

Por la Vinotinto... ¡salud!

Si sólo una emoción se me pudo haber permitido estos días –cosa que nunca sucede- fue el orgullo. Mi dosis de vocación de periodista nunca se ha inclinado por la rama deportiva y no es lo que pretendo ahora, pero mi papá y mi hermano, en casa y en el pasado, se dedicaron a enseñarnos a mi hermana y a mi lo que implica el fútbol. El entusiasmo por un equipo y las reacciones semi-fanáticas (nunca llegan a los excesos) vinieron después con la edad, los amigos, los criterios propios y el mejor entendimiento de un deporte que es capaz de paralizar países, continentes y hasta el mundo entero.
Esta vez mi orgullo tuvo un seudónimo: Vinotinto.
Y un espacio de lugar y tiempo: Copa América 2011.
Para todos, y no temo en negar excepciones, la labor del equipo venezolano en esta Copa fue una inesperada y –afortunadamente para nosotros- grata sorpresa.
Sin siquiera sospecharlo al inicio de los encuentros, la Vinotinto logró entrar en el grupo de los mejores cuatro, y a pesar de que el partido de la semifinal finalizó en un decepcionante resultado, es un adjetivo totalmente antagónico el que describe el desempeño de los jugadores venezolanos.
Para mi, en mi escaso conocimiento cuantitativo del fútbol, la Vinotinto se plantó en el terreno con más firmeza y jugó con seguridad, sangre y amor. No, no era seguidora ni fanática, no creo tampoco que a partir de ahora me convierta en fiel hincha, pero si grité y salté en sus triunfos y lloré casi desconsolada al concluir aquellos penaltis decisivos. Y lo volvería a hacer con agrado, porque en estas pocas semanas, esos jugadores demostraron que los venezolanos estamos hechos de ganas de triunfo, de pasión por lo que hacemos, de valor, de la capacidad que tenemos de hacer las cosas bien.
Muchos fueron los comentarios que en las redes sociales se emitieron debido a los triunfos y los fracasos de la Vinotinto, pero todos tenían en común el orgullo de sabernos un país capaz y próspero, que con empeño y ganas se puede hacer posible, lo que se creía imposible. Si tan sólo pusiéramos ese mismo empeño en todas las cosas que hacemos, en el trato con los demás inquilinos de este país, en apreciar más el Ávila y agobiarse menos por el tráfico diario que no podemos resolver.

Dicen que Venezuela hizo historia en la Copa América. Yo no lo garantizo, eso lo leíy lo escuché. Pero sí certifico que lo viví y que me dejó orgullosa de mi país.


paz.-

13 marzo, 2011

La danza que se hace aquí

Expresiones Neoclásicas es el nombre con el cual se ofrece un espacio –de tiempo y lugar- para que nuevos coreógrafos dentro del estilo neoclásico tengan la oportunidad de mostrar sus propuestas. Un proyecto similar al Festival de Jóvenes Coreógrafos el cual con más de dos décadas de existencia ha impulsado la labor coreográfica de la danza contemporánea en Venezuela. Desde el 2010 Carlos Paolillo, incansable promotor de la danza venezolana y creador de Jóvenes Coreógrafos, tuvo la iniciativa de concebir Expresiones Neoclásicas, a fin de dar cabida al talento novedoso de coreógrafos neoclásicos.

Pude apreciar desde el lado de las butacas la labor que mis colegas y algunos amigos realizan desde la concepción de una idea o emoción, pasando por la traducción de la misma en movimientos y finalizando en la interpretación transmitida por el, la o los bailarines.

Desde mi asiento, en mi perspectiva de público filtrada por mi visión de bailarina, me dejé sorprender por los trabajos propuestos. Puntas y no puntas, pies descalzos, flores, brillo, vestidos, cuerpos semidesnudos, jeans, medias rosadas, sensualidad, pasión, ira, tribalismo, espiritualidad, rock, videos, clasicismo, riesgos, entusiasmo, vitalidad… esto y más pude notar sobre el escenario de la sala Ana Julia Rojas de Unearte.

Fue agradable apreciar el trabajo coreográfico de quienes laboran conmigo día a día, además de la energía emanada por otros compañeros quienes demostraron sobre el escenario lo que aquellos deseaban exponer.

Trato de ser objetiva al momento de opinar sobre algo, pero algunas veces pareciera que la subjetividad sencillamente traiciona, a fin de cuentas, la objetividad pura no existe. Aclaro esto pues me complació darme cuenta que los trabajos que más llamaron mi atención fueron los realizados por bailarines de mi compañía, así de simple, de grato y sin subjetividades.

Propuestas que se notan profesionales, cada una con estilos propios, y quizá aun en la búsqueda de una identidad que exploran con éxito paulatino. Riesgos que se toman, energía que desbordan, emociones que se transmiten, ideas danzadas y los aplausos más intensos.

Me llena de orgullo observar el buen trabajo que hacen los que mueven la danza en el país, las ganas con las que se generan nuevos esquemas y la calidad de bailarines que tenemos. Así mismo, excelentes bailarines cada cual en su estilo, en su compañía, en su modo de trabajo, pero siempre con resultados más allá de lo satisfactorio, dejando en evidencia el amor por la creación, por el escenario, por el movimiento, por la danza…

Orgullosa de ser parte de un grupo minoritario que posee un talento que explotamos diariamente al máximo, con el corazón pleno y sin miedos a pesar de los contratiempos, de la escasez de apoyo, de los bajos sueldos, del desgaste físico y de los prejuicios. Orgullosa de ver las nuevas visiones de danza de mis compañeros, llena de energía y con inmensas ganas de bailar, así salí de la sala.

paz.-

30 julio, 2010

Vous voulez danser avec moi?

De pronto me llegó esta frase vía marichuy:

"La vie est un ballet; on ne le danse qu'une fois"

Es un proverbio malinké, y es así.

Son días, semanas -unas más largas que otras- de entrenamiento, de clase diaria, preparando el cuerpo para cada ensayo, repitiendo los movimientos tantas veces sea necesario, escuchando la música, desarrollando un gesto, estudiando la colocación de la mano, y la dirección de la vista. Una y otra vez.

Pero el momento que se pisa el escenario es único y en definitiva irrepetible. Lo estudiado y ensayado se resume y muestra sobre las tablas dentro de las fronteras que el tiempo brinda. Lo que allí sucede, no vuelve a ser. Nunca igual.

La danza juega con el tiempo.
¿O es el tiempo con la danza?

Los movimientos se desarrollan en pocos minutos, y el arte se refugia en la joie de danser que como artista nace en uno mismo con el escenario. De allí la decepción de una ejecución poco satisfactoria -según criterio del propio bailarín, quienes solemos ser autocríticos en exceso- y la placidez de la actuación bien realizada.

Mientras vacilo entre teorías creadas por mi propia vivencia y convicción, me percato -y de nuevo, gracias al proverbio antes mencionado- del parecido de la temporalidad de la danza, con la temporalidad de la vida misma. 

Lo que sea que ocurre en este escenario por el que andamos cotidianamente, sucede sólo una vez. Y es sólo esa vez que tenemos la oportunidad de decir, gritar, compartir, besar, llorar, reír... Porque la próxima ocasión, es simplemente otra, con diferentes circunstancias y distintas emociones.

De la misma manera, sólo se baila una vez.


paz.-

27 mayo, 2010

Recordando Isadora

Me gusta usar bufandas, chales, pañuelos, pañoletas… A lo Isadora Duncan.
Asi me llamaron en estos días, mientras usaba una -aprovechando los días lluviosos, porque en otro caso sería absurdo vestirme con ellos en un clima tan caluroso- evocando aquella bailarina que nació para ir en contra de la corriente y revolucionar la danza sobre el escenario como se conocía hasta entonces.

No fue una transición sistemática, no. Isadora simplemente se lanzó al escenario descalza, con el cabello suelto, envuelta en túnicas semitransparentes con movimientos inspirados en el andar natural de los cuerpos al caminar, al saltar y en las olas del mar.

A principios del siglo XX su osadía era bárbara, y como era de esperarse, en una sociedad acostumbrada a tutús y escenografías ostentosas además de estar plagada de moralismos -como si hubieran desaparecido- fueron muchos los rechazos, interrupciones, críticas y censuras que ella tuvo que soportar hasta convertirse en la persona que introdujo la danza moderna en la historia del mundo.

Su vida, fue quizá tan poco usual como lo expresaba su danza: su padre fue encarcelado siendo ella aun niña, se casó con un hombre 17 años más joven que luego se suicidó, decidió ser madre soltera de dos hijos que murieron ahogados, era bisexual...

Y tan poco convencional fueron su vida personal y su arte, como la forma en que murió. "Je vais à l'amour" dijo justo antes de montarse en el vehículo que la llevó a la muerte cuando su hermosa y larga bufanda se enredó en las ruedas del mismo y la estranguló.

Famosa por danzar descalza y contra las expectativas del público, famosa por ser pionera de un estilo dancístico, famosa por su bufanda, a veces provoca ser tan deliberada, despreocupada, y simplemente bailar sin zapatillas, semidesnuda y contra a lo que todos esperan.
Pero comprobado: soy irremediablemente clásica.
No puedo alejarme de las puntas.

........ un corto video de la Duncan danzando ........

05 marzo, 2010

¿Qué es arte?

Recientemente vi de nuevo una película que me gusta mucho: Mona Lisa Smile. Ambientada en la década de los 50, desarrolla las situaciones en las que se involucra una profesora de arte muy liberal para la época, quien decide enseñar en una escuela para señoritas en la cual los estereotipos y la moralidad rige una generación que estudia sólo para aparentar un estatus que luego será sustituido por ser la “señora” de alguien. En su primera clase Ms. Watson, muestra la pintura “Cadáver” de Soutine (1925) a un grupo de jóvenes acostumbradas a estudiar Degas y Renoir. Ellas no entienden, buscan en sus libros inútilmente y se genera una discusión en la que surge la interrogante: ¿qué es arte? Esta permanece en sus mentes a lo largo de la película. Y en la mía.
No es primera vez que me hago esta pregunta, además que es fácil reconocerlo a través de los clásicos ya sea en las artes plásticas o escenográficas. Pero muchas veces me lleno de indignación de observar como algunas cosas pueden ser llamadas arte.
No soy netamente clasicista ni estoy en contra de todas las expresiones artísticas que puedan ofrecer las nuevas generaciones, pero creo en la sublimación del arte, en su superioridad y en la diferenciación que debe existir con otros tipos de creaciones.
Estuve en el museo de arte contemporáneo Centro Georges Pompidou de París, y mientras recorría sus amplios pasillos me he deleitado con un sin número de obras consideradas hoy día obras maestras del siglo XX. Sin embargo, me topé con algunas “obras” que se acumulan en el espacio de la indignación que comentaba hace dos párrafos.
Un cuadro azul. Bueno, no cualquier azul, era un azul grisáceo o más bien azul marino grisáceo; y tampoco era cualquier cuadro, pues sus orillas tendían ligeramente a la concavidad, así que tampoco era un cuadrado exactamente. ¿Es esto una broma? ¿Es esto arte? Lo veo. Me repito las mismas preguntas unas trece veces más y continúo.
Unos quince metros más adelante del mismo pasillo, otra “expresión artística”: en el piso el tronco de algún árbol cortado longitudinalmente y (creo) barnizado… Me quedé viéndolo, juro que traté de abrir mi mente y aportar nuevas visiones a mi limitado criterio, pero no pude, para mí eso era un árbol muerto.
Me ha pasado cuando asisto a espectáculos de danza contemporánea, en los que debo comprender y apreciar la obra objetivamente sin el juicio filtrado por los ojos de una intérprete y defensora de la danza clásica. No obstante, no me hace falta un significativo esfuerzo y creo saber reconocer lo que se hace bien y lo que se hace mal, o lo que nada dice.
Recuerdo el solo de una chica que caminaba de un lado a otro con el marco de un cuadro y en cada nueva posición se paraba sobre el mismo, sin hacer nada. Luego tres otras –demasiado vanguardista para mi gusto, si de eso se trata- cuya propuesta escénica era un impro con agua, se mojaban, saltaban, se arrastraban en el piso –incluso una tomaba ron antes de su interpretación- pero nunca vi que bailaban.
¿Qué me quieren decir? ¿Es esto danza?
Yo no soy quien para determinar qué es arte -o qué es danza- y qué no lo es y sé que si lo dijera seguramente no importará mucho. No obstante considero al arte ser un indicador tangible de la emoción humana, pero debe tener un modo de ser dicho, expresado y transmitido.
Actualmente, no tienen que haber cánones estrictos que encasillen una intención, ni limitar las vías expresivas, ni manejar un espacio estético predeterminado (aquí entraría la discusión sobre qué es la estética) pero si el arte es lo que ha sido desde que la humanidad existe, y no todo el mundo es considerado artista, ¿por qué habría de ser arte un plano cuadro azul o una mujer sentada dentro de una tina de agua?
Así como me cautiva Monet y Rembrandt, me siento fascinada por Picasso y Dalí, y admiro a Didier (un artista plástico amigo). Así como escucho placenteramente a Chopin y Rachmaninoff, disfruto de The Doors y la Joplin. Y así como vivo por El Lago de los Cisnes y Giselle, me interesa muchísimo el trabajo de Mats Ek y de Wayne Mc Gregor.
No pretendo responder el título de este artículo pues aun sigo explorando para comprender esto que los humanos llamamos arte, y aunque disfruto intentándolo, seguramente no le hallaré respuesta debido a su naturaleza subjetiva.
Aclaro esto. Reconozco y defiendo el discurso que así como la belleza, el arte también está en los ojos de quien lo mire. Esto lo valoro, aunque el criterio de algunos ojos yo no lo comprenda.
Ilustro enlanzando un video de una parte de Infra, coreografía de Wayne McGregor, interpretado por bailarines del Royal Ballet de Londres. Es una pieza abstracta y me parece limpia, excitante y bella, me arriesgo a decir que es como un Soto de la danza. Respetando al Maestro.

“No soy partidario de ninguna escuela, porque soy partidario de la verdad humana, que excluye todo grupo y todo sistema. La palabra “arte” no me gusta; contiene no sé que ideas de disposiciones necesarias, de ideal absoluto. Hacer arte. ¿No es acaso hacer algo que está fuera del hombre y de la naturaleza? Lo que yo quiero es que se haga vida; quiero que el artista sea algo vivo, que cree de nuevo, fuera de todas las escuelas, según sus propios ojos y su propio temperamento. Lo que busco ante todo en un cuadro es un hombre y no un cuadro”
- Émile Zola (1866)

09 octubre, 2009

Carmen...la que baila

Se acerca Carmen, pero no la que contaba 16 años. Esa no.
Sino la basada en la historia de Merimée y la música de Bizet. Esa Carmen que en esta oportunidad, de ópera se convierte en ballet para mostrar una historia de apasionamiento, amor, desamor, encanto, desencanto, deseo, fortaleza, seducción, libertad, muerte... Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Ahora recuerdo que los bailarines de estilo contemporáneo, nos critican muchísimo a los que danzamos clásico porque las historias de ballet están "pasadas de moda".
Pasadas de moda.
-Entonces será que Beethoven, Da Vinci y Dumas también deben estar pasados de moda-
Cuando se estrenó la ópera en 1875, fue un total escándalo y un gran fracaso. Hoy día es una de las más famosas del mundo. ¡Y cuánto de amor y desamor no tenemos en pleno siglo XXI!
Pero lo que yo hago no es ópera, es ballet, y narrar la atmósfera de esta historia con el cuerpo es todo un reto histriónico. Aquí dejo de ser una "delicada bailarina" (¿pasada de moda?) para ser una gitana, tabacalera, escandalosa, libre de espíritu que no se prende de nada ni nadie. Disfruto mucho este papel. Debe ser por la cuota de "zíngara" que siempre he tenido dentro.
Habré sido una de ellas en alguna vida pasada. ¿Quién sabe?

29 julio, 2009

NYCB is in the news

Recientemente me enteré de esta noticia que me sorprendió: New York City Ballet ha despedido 11 de sus bailarines por un ajuste de presupuesto. Quizá para nosotros los danzantes de estas latitudes nos parezca un tanto normal, eso sucede. Pero ubicándonos en el contexto de tratarse de una de las compañías más importantes del mundo, con un compendio de bailarines de altísimo calibre tanto técnico como artístico, entonces la historia es otra.
Recuerdo que uno de mis primeros “sueños” de adolescente era el de formar parte del NYCB. Yo no tenía ídolos de hollywood ni cantantes de moda pegados en las paredes de mi cuarto; yo tenía bailarinas de NYCB.
Admiraba (y aun admiro) sus condiciones físicas, el estilo “balanchineano”, el poder de la presencia escénica e imaginaba -con un tanto de anhelo y envidia- el placer, la fascinación y la arrogancia de bailar ballet en Nueva York.
Pero pertenecer a sus filas, implica la dedicación plena desde una escuela en la que los chicos y chicas estudian, entrenan, comen y duermen durante varios años para ver si al graduarse (los que lo logran) son aceptados en la gran compañía: la meta de casi todos.
Así pues, esta es una de las compañías de ballet más exigentes del mundo y once de sus bailarines fueron despedidos como consecuencia de una crisis económica que golpea todos los aspectos de la sociedad como la conocemos hoy, pero que sacude con fuerza al sector más continuamente afectado: el arte.
No quiero ni imaginar lo que significa para estos chicos –quienes no pasan de ser mayores que yo- un despido de NYCB por esta razón. Pues tampoco quisiera imaginarme lo que significaría esto para mi, incluso en la compañía en la que trabajo hoy día.
Aunque los sacrificios de cada uno en el mundo de la danza sean diferentes, todos son sacrificios y qué injusto se torna cuando por falta de dinero o “ajuste de presupuesto” no se puede crecer y desarrollarse como artista, tener un trabajo estable, realizar giras o funciones pautadas… -ups! no debo salirme del tema, al menos no ahora-
Seguramente esto último no es problema para NYCB, sus problemas son otros, y seguramente como buenos venezolanos, en nuestro caso ya tendríamos una carta debajo de la manga para sobrevivir cualquier porvenir.
Mientras tanto, yo sigo agradeciendo mi trabajo, mi teatro y mantengo la esperanza de ver NYCB en la escena del Metropolitan Opera House, aunque con once bailarines menos.

Aquí algunas páginas que hablan del tema, en inglés advierto.
- Artículo completo del NY Times
- Foro del NY Times acerca del tema.
- Laid Off NYCB dancers speak out.
- Acerca de los salarios. (¿y se quejan?)