Yo no crecí con mascotas ni con la intención de querer una. Nunca fui de las que soñó o le pidió a su mamá incesantemente tener un perrito, un gatico, pajarito o lo que sea. Lo más cercano a mascotas que recuerdo pudo haber existido en mi casa fue un morrocoy que quizá llegó tal cual como se fue –sin darnos cuenta- y dos conejos –Sancono y Mineli- que duraron en mi hogar poco menos de un año y mi madre los regaló en vista de las innumerables gripes y alergias que mi hermana y yo –de entre 3 y 4 años respectivamente- adquiríamos constantemente.
Por el hecho de que a mi mamá no le gustan las mascotas, en mi casa no hubo animales desde entonces hasta hace 5 años, cuando llegó Chocolate.
El espíritu rebelde de mi hermana lo trajo a la casa –en contra de la opinión de mamá- y cuando mi padre lo vio fue amor a primera vista.
Era un pequeñito labrador color marrón, de ojos verdes, juguetón en exceso, tierno, hermoso, desordenado y torpe. A mí, poco amiga de los perros, me pareció un espécimen tan adorable que era inevitable acariciarlo –y para mí eso es bastante decir. Desde el primer día declaré mi desprendimiento a cualquier responsabilidad que con Chocolate se relacionara, lo mismo que mi mamá, y de esa manera entró un nuevo ser vivo a mi hogar. La primera mascota que realmente tuvimos en casa.
Sinceramente, yo no entendía aquello del amor incondicional que se tiene por los animales, y el dejar de hacer cosas, o planificar la vida y los días por ellos. Con Chocolate, mi hermana y mi papá lo entendí durante estos últimos años.
“Los perros son personas buenas” dice una buena amiga, y debe ser cierto. Chocolate era el primero en alegrarse de las llegadas a casa de cualquiera de nosotros, advertía cualquier imprevisto, presentía algunas despedidas temporales y acompañaba en todo momento. A mi –que los últimos años me veía algún que otro fin de semana- me movía la colita cuando lo saludaba así fuera de lejos, me olía siempre y se volvía loco si tenía el período, se comió mi tutú un día antes de una función, me acompañaba todas las noches pues dormía justo al lado de la ventana de mi cuarto y por esto mismo me molestaba cuando hacía sus necesidades por allí… y me gustaba acariciarlo con la planta de mi pie, era como un masaje mutuo.
Pero ayer murió.
No me provoca describir el dolor que siento, ni el que sentimos en mi familia luego de que hayan transcurrido poco más de 5 años con Chocolate en casa. Después de haber entrado tímidamente en mi hogar ganándose el corazón de todos nosotros.
Murió porque así debía de ser –supongo, como todo- y ahora sí entiendo lo del amor incondicional y el dolor que se puede sentir por la muerte de un perro, como si fuera una persona. Yo no lo comprendía, ayer lo aprendí.
Cierto es que no era una persona, era un perro. Pero realmente no era sólo un perro y me sorprendió haber escuchado a mi mamá diciendo: “No decíamos, cómo está el perro, sino cómo está Chocolate”.
Desde su llegada, hasta hoy y seguramente por siempre a mi me quedará la costumbre de ver un labrador en la calle y decir “es un Chocolate”.
28 junio, 2010
24 junio, 2010
Instantes de escapismo
Unas respiraciones rítmicas y continuas, un té de menta, Cortázar...
Tratándose de actividades realizadas con el fin único de apartarse de la rutina, el hastío y las incomprensiones cósmicas, es como los gustos: nada se ha escrito.
Tan imprescindibles como el religioso café negro de las siete de la mañana y tan necesarias como un buen calentamiento de los tobillos antes de la clase.
No había entendido cómo transcurrió este último mes sin que pasara por aquí a dejar siquiera un rastro de grafema, y aunque varias veces lo intenté siempre fueron conatos inútiles. Luego –quizá mejor que comprenderlo, me excuso- me percaté que he estado, sin darme cuenta, en varias de esas actividades escapistas tratando de hurgar en espacios ahuecados queriendo rellenarlos con nuevas –o quizá no tan nuevas, sino otras- vibraciones.
¿Suena esotérico?
Pues no lo es.
El vino siempre ha estado de número uno, pero explorado con olfatos y bocas que perciben distinto el mismo caldo se vigoriza de tal manera que se logra fácilmente lo que busco en cada clase de yoga, en cada respiración: vivir el presente, el ahora. Lo que según algunas filosofías es lo que hay que hacer. Nada fácil, lo deben saber.
La música, fiel e inevitable acompañante, que en mi caso puede iniciarse en ensimismamientos con Rachmaninoff o Chopin pero que en frecuentes ocasiones halla en Janis Joplin clímax de emociones, en Jim Morrison espacios de abstracción y en Gardel, Sabina y Norah Jones soledades acompañadas.
Un café o dos, una conversación, o dos o tres, y las que le siguen por mero placer de escuchar una voz o un por qué sin respuestas que ni siquiera son necesarias.
Instantes de nada y de todo a la vez. Momentos de descubrir, reubicar y reflexionar. Cortázar aísla y cuánto hace falta; Pizarnik –mi más reciente- me desprende de a pedacitos tal como lo prefiero –un tanto masoquista, eh…bailarina al fin.
Pero el ballet, desde siempre debe ser la cumbre de todas esos espacios necesarios para escapar y hallar en algún lado la razón de seguir y andar por donde no se sabe mientras que se hace el sendero caminando.
Ahora no pido sugerencias, sólo busco mis métodos, los encuentro y voy discriminando lo que sí y lo que no. Quien lea y quiera compartir sus escapismos personales, bienvenidos sean.
paz. siempre, paz.
Tratándose de actividades realizadas con el fin único de apartarse de la rutina, el hastío y las incomprensiones cósmicas, es como los gustos: nada se ha escrito.
Tan imprescindibles como el religioso café negro de las siete de la mañana y tan necesarias como un buen calentamiento de los tobillos antes de la clase.
No había entendido cómo transcurrió este último mes sin que pasara por aquí a dejar siquiera un rastro de grafema, y aunque varias veces lo intenté siempre fueron conatos inútiles. Luego –quizá mejor que comprenderlo, me excuso- me percaté que he estado, sin darme cuenta, en varias de esas actividades escapistas tratando de hurgar en espacios ahuecados queriendo rellenarlos con nuevas –o quizá no tan nuevas, sino otras- vibraciones.
¿Suena esotérico?
Pues no lo es.
El vino siempre ha estado de número uno, pero explorado con olfatos y bocas que perciben distinto el mismo caldo se vigoriza de tal manera que se logra fácilmente lo que busco en cada clase de yoga, en cada respiración: vivir el presente, el ahora. Lo que según algunas filosofías es lo que hay que hacer. Nada fácil, lo deben saber.
La música, fiel e inevitable acompañante, que en mi caso puede iniciarse en ensimismamientos con Rachmaninoff o Chopin pero que en frecuentes ocasiones halla en Janis Joplin clímax de emociones, en Jim Morrison espacios de abstracción y en Gardel, Sabina y Norah Jones soledades acompañadas.
Un café o dos, una conversación, o dos o tres, y las que le siguen por mero placer de escuchar una voz o un por qué sin respuestas que ni siquiera son necesarias.
Instantes de nada y de todo a la vez. Momentos de descubrir, reubicar y reflexionar. Cortázar aísla y cuánto hace falta; Pizarnik –mi más reciente- me desprende de a pedacitos tal como lo prefiero –un tanto masoquista, eh…bailarina al fin.
Pero el ballet, desde siempre debe ser la cumbre de todas esos espacios necesarios para escapar y hallar en algún lado la razón de seguir y andar por donde no se sabe mientras que se hace el sendero caminando.
Ahora no pido sugerencias, sólo busco mis métodos, los encuentro y voy discriminando lo que sí y lo que no. Quien lea y quiera compartir sus escapismos personales, bienvenidos sean.
paz. siempre, paz.
Nota:
Escapismo: m. Actitud de quien se evade o huye mentalmente de la realidad.
Escapismo: m. Actitud de quien se evade o huye mentalmente de la realidad.
27 mayo, 2010
Recordando Isadora
Me gusta usar bufandas, chales, pañuelos, pañoletas… A lo Isadora Duncan.
Asi me llamaron en estos días, mientras usaba una -aprovechando los días lluviosos, porque en otro caso sería absurdo vestirme con ellos en un clima tan caluroso- evocando aquella bailarina que nació para ir en contra de la corriente y revolucionar la danza sobre el escenario como se conocía hasta entonces.
No fue una transición sistemática, no. Isadora simplemente se lanzó al escenario descalza, con el cabello suelto, envuelta en túnicas semitransparentes con movimientos inspirados en el andar natural de los cuerpos al caminar, al saltar y en las olas del mar.
A principios del siglo XX su osadía era bárbara, y como era de esperarse, en una sociedad acostumbrada a tutús y escenografías ostentosas además de estar plagada de moralismos -como si hubieran desaparecido- fueron muchos los rechazos, interrupciones, críticas y censuras que ella tuvo que soportar hasta convertirse en la persona que introdujo la danza moderna en la historia del mundo.
Su vida, fue quizá tan poco usual como lo expresaba su danza: su padre fue encarcelado siendo ella aun niña, se casó con un hombre 17 años más joven que luego se suicidó, decidió ser madre soltera de dos hijos que murieron ahogados, era bisexual...
Y tan poco convencional fueron su vida personal y su arte, como la forma en que murió. "Je vais à l'amour" dijo justo antes de montarse en el vehículo que la llevó a la muerte cuando su hermosa y larga bufanda se enredó en las ruedas del mismo y la estranguló.
Famosa por danzar descalza y contra las expectativas del público, famosa por ser pionera de un estilo dancístico, famosa por su bufanda, a veces provoca ser tan deliberada, despreocupada, y simplemente bailar sin zapatillas, semidesnuda y contra a lo que todos esperan.
Pero comprobado: soy irremediablemente clásica.
No puedo alejarme de las puntas.
........ un corto video de la Duncan danzando ........
Asi me llamaron en estos días, mientras usaba una -aprovechando los días lluviosos, porque en otro caso sería absurdo vestirme con ellos en un clima tan caluroso- evocando aquella bailarina que nació para ir en contra de la corriente y revolucionar la danza sobre el escenario como se conocía hasta entonces.No fue una transición sistemática, no. Isadora simplemente se lanzó al escenario descalza, con el cabello suelto, envuelta en túnicas semitransparentes con movimientos inspirados en el andar natural de los cuerpos al caminar, al saltar y en las olas del mar.
A principios del siglo XX su osadía era bárbara, y como era de esperarse, en una sociedad acostumbrada a tutús y escenografías ostentosas además de estar plagada de moralismos -como si hubieran desaparecido- fueron muchos los rechazos, interrupciones, críticas y censuras que ella tuvo que soportar hasta convertirse en la persona que introdujo la danza moderna en la historia del mundo.
Su vida, fue quizá tan poco usual como lo expresaba su danza: su padre fue encarcelado siendo ella aun niña, se casó con un hombre 17 años más joven que luego se suicidó, decidió ser madre soltera de dos hijos que murieron ahogados, era bisexual...Y tan poco convencional fueron su vida personal y su arte, como la forma en que murió. "Je vais à l'amour" dijo justo antes de montarse en el vehículo que la llevó a la muerte cuando su hermosa y larga bufanda se enredó en las ruedas del mismo y la estranguló.
Famosa por danzar descalza y contra las expectativas del público, famosa por ser pionera de un estilo dancístico, famosa por su bufanda, a veces provoca ser tan deliberada, despreocupada, y simplemente bailar sin zapatillas, semidesnuda y contra a lo que todos esperan.
Pero comprobado: soy irremediablemente clásica.
No puedo alejarme de las puntas.
........ un corto video de la Duncan danzando ........
22 mayo, 2010
La Valse de Ravel
Existe música de la cual no queda otra que enamorarse.
Pudiese hablar aquí del concierto para piano y orquesta N.2 de Rachmaninov, o del segundo nocturno de Chopin. Pero esta vez me referiré a un amor reciente: La Valse de Maurice Ravel.
Tenía algún tiempo de conocerla, pero la verdad no la había entendido.
Ravel definió La Valse como un poema coreográfico, el cual generó en su estreno en 1920 quizá un tanto de incomprensión. Originalmente el compositor tenía la idea desde 1906 de rendir homenaje al gran imperio astro-húngaro a través de sus cortes vienesas, un mundo el cual admiraba. Pero dicha visión fue vertiginosamente modificada por la aparición de la Primera Guerra Mundial, cuyas consecuencias devinieron en el deceso del fascinante imperio.
La decepción y el asombro que produjeron en Ravel tales acontecimientos, lo llevaron a transformar la idea inicial de su vals en una deconstrucción del mismo, involucrando secretamente entre sus notas y silencios un enorme bagaje histórico y cultural manifestados en un imperio que brilló en una época de derroches y hedonismo, y cuyo poder sucumbió como consecuencia de la Guerra.
Sergei Diaghilev le encargó a Ravel la música para sus Ballets Ruses, sin embargo luego de haberla escuchado la rechazó con las siguiente célebre frase: “Ravel, c'est un chef-d'œuvre, mais ce n'est pas un ballet. C'est la peinture d'un ballet” (Ravel, es un gran compositor, pero esto no es un ballet, es la pintura de un ballet). Fue la separación definitiva en la relación de trabajo entre ambos.
El compositor describió La Valse con el siguiente prefacio a la partitura: “A través de brumas, se pueden distinguir vagamente parejas danzando el vals. La bruma gradualmente se disipa y de pronto se ve un inmenso salón lleno de parejas girando. La escena gradualmente se ilumina, las luces de los candelabros arden. Situado en una corte imperial, alrededor de 1855”
Algo que me atrae inevitablemente a Ravel es su capacidad de orquestar la música. La partitura fue inicialmente escrita para piano pero luego, al incorporarla a la orquesta involucra la cantidad variada y justa de instrumentos que transmitan lo que él quiere decir –o no quiere dejar tan en claro- con ella. Al principio, los cellos empiezan a mostrar esa “bruma” que Ravel infiere, poco a poco otros instrumentos se van incorporando pero con melodías más bien fraccionadas, creando imágenes de algo que no está pero que va apareciendo. Más tarde surge el vals que a lo largo de la obra está más bien cercenado en distintos falsos clímax que desembocan en un final apoteósico, distinto al resto de la escritura. En un no vals.
Para los músicos, es una obra compleja de tocar, para el director, un reto dirigir, para bailarla… creo que hay que entenderla. Yo ya caí en la irremediable subjetividad del enamoramiento hacia La Valse aunque no sea de las obras musicales mejor comprendidas.
Debe ser por eso.
Más que leerla, mejor escucharla.
- La Valse para dos pianos (parte 1)
- La Valse para dos pianos (parte 2)
- La Valse (orquesta) - parte 1
- La Valse (orquesta) - parte 2
Pudiese hablar aquí del concierto para piano y orquesta N.2 de Rachmaninov, o del segundo nocturno de Chopin. Pero esta vez me referiré a un amor reciente: La Valse de Maurice Ravel.
Tenía algún tiempo de conocerla, pero la verdad no la había entendido.
Ravel definió La Valse como un poema coreográfico, el cual generó en su estreno en 1920 quizá un tanto de incomprensión. Originalmente el compositor tenía la idea desde 1906 de rendir homenaje al gran imperio astro-húngaro a través de sus cortes vienesas, un mundo el cual admiraba. Pero dicha visión fue vertiginosamente modificada por la aparición de la Primera Guerra Mundial, cuyas consecuencias devinieron en el deceso del fascinante imperio.
La decepción y el asombro que produjeron en Ravel tales acontecimientos, lo llevaron a transformar la idea inicial de su vals en una deconstrucción del mismo, involucrando secretamente entre sus notas y silencios un enorme bagaje histórico y cultural manifestados en un imperio que brilló en una época de derroches y hedonismo, y cuyo poder sucumbió como consecuencia de la Guerra.
Sergei Diaghilev le encargó a Ravel la música para sus Ballets Ruses, sin embargo luego de haberla escuchado la rechazó con las siguiente célebre frase: “Ravel, c'est un chef-d'œuvre, mais ce n'est pas un ballet. C'est la peinture d'un ballet” (Ravel, es un gran compositor, pero esto no es un ballet, es la pintura de un ballet). Fue la separación definitiva en la relación de trabajo entre ambos.
El compositor describió La Valse con el siguiente prefacio a la partitura: “A través de brumas, se pueden distinguir vagamente parejas danzando el vals. La bruma gradualmente se disipa y de pronto se ve un inmenso salón lleno de parejas girando. La escena gradualmente se ilumina, las luces de los candelabros arden. Situado en una corte imperial, alrededor de 1855”
Algo que me atrae inevitablemente a Ravel es su capacidad de orquestar la música. La partitura fue inicialmente escrita para piano pero luego, al incorporarla a la orquesta involucra la cantidad variada y justa de instrumentos que transmitan lo que él quiere decir –o no quiere dejar tan en claro- con ella. Al principio, los cellos empiezan a mostrar esa “bruma” que Ravel infiere, poco a poco otros instrumentos se van incorporando pero con melodías más bien fraccionadas, creando imágenes de algo que no está pero que va apareciendo. Más tarde surge el vals que a lo largo de la obra está más bien cercenado en distintos falsos clímax que desembocan en un final apoteósico, distinto al resto de la escritura. En un no vals.
Para los músicos, es una obra compleja de tocar, para el director, un reto dirigir, para bailarla… creo que hay que entenderla. Yo ya caí en la irremediable subjetividad del enamoramiento hacia La Valse aunque no sea de las obras musicales mejor comprendidas.
Debe ser por eso.
Más que leerla, mejor escucharla.
- La Valse para dos pianos (parte 1)
- La Valse para dos pianos (parte 2)
- La Valse (orquesta) - parte 1
- La Valse (orquesta) - parte 2
14 mayo, 2010
Por esas sensaciones
Volver a la sala de ensayo me ha alejado de este lar. No para mal.
Pudiese contar los altibajos emocionales que se han involucrado durante este regreso, pero mejor no. Más acá de las emociones, comprender mi tobillo des-ostrigonado (término oportuno inventado por mi) ha sido una reexploración de lo que antes hacía por inercia. Ahora mi conciencia en los movimientos es otra, es saber que allá abajo existen articulaciones que sufren con cada salto pero que son tan nobles que dicen: está bien haré mi mejor esfuerzo pero cuídame.
En palabras cotidianas, esa es un poco la nueva relación que mantengo con mi instrumento de trabajo.
Perfecto instrumento, y cuánto hay que cuidarlo!
Si una razón debo dar de por qué seguir esforzándome en una profesión de sacrificios y cuidados, aunque sería complicado dar sólo una, otorgaría ésta: sensaciones.
La sensación de poder hacer cada día un paso más, un ejercicio más, paso a paso hacia lograr todo mejor que antes. La sensación que me recuerda por qué sí valió la pena cada uno de los procesos vividos, y que no importa lo que pasó si no lo que viene después de haber aprendido. Esa sensación que se fecunda con la música, penetra por el oído -o el tacto, o el gusto, incluso la vista-, se traslada por sinapsis y deja en el torrente sanguíneo un montón de endorfinas que producen el placer de saberme donde debo estar.
Pocas veces me doy cuenta -y lo digo sin miedo- que soy afortunada por hacer lo que sé que quiero hacer.
No ha sido fácil, pero por esa sensación de seguridad que además se me alborota ahora que la compañía está en escenario -y yo no puedo todavía- es que continúo en el camino por alcanzar lo que nunca se me ha perdido.
paz.-
Pudiese contar los altibajos emocionales que se han involucrado durante este regreso, pero mejor no. Más acá de las emociones, comprender mi tobillo des-ostrigonado (término oportuno inventado por mi) ha sido una reexploración de lo que antes hacía por inercia. Ahora mi conciencia en los movimientos es otra, es saber que allá abajo existen articulaciones que sufren con cada salto pero que son tan nobles que dicen: está bien haré mi mejor esfuerzo pero cuídame.
En palabras cotidianas, esa es un poco la nueva relación que mantengo con mi instrumento de trabajo.
Perfecto instrumento, y cuánto hay que cuidarlo!
Si una razón debo dar de por qué seguir esforzándome en una profesión de sacrificios y cuidados, aunque sería complicado dar sólo una, otorgaría ésta: sensaciones.
La sensación de poder hacer cada día un paso más, un ejercicio más, paso a paso hacia lograr todo mejor que antes. La sensación que me recuerda por qué sí valió la pena cada uno de los procesos vividos, y que no importa lo que pasó si no lo que viene después de haber aprendido. Esa sensación que se fecunda con la música, penetra por el oído -o el tacto, o el gusto, incluso la vista-, se traslada por sinapsis y deja en el torrente sanguíneo un montón de endorfinas que producen el placer de saberme donde debo estar.
Pocas veces me doy cuenta -y lo digo sin miedo- que soy afortunada por hacer lo que sé que quiero hacer.
No ha sido fácil, pero por esa sensación de seguridad que además se me alborota ahora que la compañía está en escenario -y yo no puedo todavía- es que continúo en el camino por alcanzar lo que nunca se me ha perdido.
paz.-
03 mayo, 2010
Desde la barra. Journal post-operatorio VIII - día 76
La primera y fundamental parte de la clase es la barra, y va así:
Tendu, plié, más tendus, más pliés. Luego grand pliés en las cuatro posiciones, jeté, rond de jambe, fondue, frappé, rond de jambe en l'air, adagio, y grand battement jeté, todo acompañado de port de bras, estiramientos, balances...y música, sobre todo música.
Son básicamente los ejercicios de barra, cada maestro con su estilo, sus cuentas, su orden, y sus cantidades. Yo los nombro sólo por el único y exclusivo hecho de que... los puedo hacer!
"El cuerpo te irá diciendo" me dijeron ambos médicos, y aunque tenía semanas deseando escuchar aquellas palabras que fueron algo semejante a la felicidad, realmente sentí un poco de temor de no tener una dirección -representada en mi terapeuta o médico- en cuanto a qué hacer y qué no.
Luego de una semana, hoy los tobillos me dijeron "prueba".
Y probé.
Hacía cuatro meses que no me las colocaba, hoy las intenté. En mi ya estaban, y en una calma un tanto ansiosa poco a poco me paré sobre sus plataformas. Que viniera a mi la sensación que hace más de un año no percibía fue seguramente aun más cercano a la felicidad.
Pero como dicen que la felicidad no se consigue fácil, tuve que quitármelas pronto, no por dolor, sino por debilidad. Es lógico. Así que ya va encaminado todo el trabajo necesario para volver a fortalecer estos tobillos bailarines y contentos.
Por cierto, Felíz Día de la Danza a los bailarines que leen esto, aunque retrasado.
Dispénseme ustedes, entenderán que estaba celebrando :)
Tendu, plié, más tendus, más pliés. Luego grand pliés en las cuatro posiciones, jeté, rond de jambe, fondue, frappé, rond de jambe en l'air, adagio, y grand battement jeté, todo acompañado de port de bras, estiramientos, balances...y música, sobre todo música.
Son básicamente los ejercicios de barra, cada maestro con su estilo, sus cuentas, su orden, y sus cantidades. Yo los nombro sólo por el único y exclusivo hecho de que... los puedo hacer!
"El cuerpo te irá diciendo" me dijeron ambos médicos, y aunque tenía semanas deseando escuchar aquellas palabras que fueron algo semejante a la felicidad, realmente sentí un poco de temor de no tener una dirección -representada en mi terapeuta o médico- en cuanto a qué hacer y qué no.
Luego de una semana, hoy los tobillos me dijeron "prueba".
Y probé.
Hacía cuatro meses que no me las colocaba, hoy las intenté. En mi ya estaban, y en una calma un tanto ansiosa poco a poco me paré sobre sus plataformas. Que viniera a mi la sensación que hace más de un año no percibía fue seguramente aun más cercano a la felicidad.
Pero como dicen que la felicidad no se consigue fácil, tuve que quitármelas pronto, no por dolor, sino por debilidad. Es lógico. Así que ya va encaminado todo el trabajo necesario para volver a fortalecer estos tobillos bailarines y contentos.
Por cierto, Felíz Día de la Danza a los bailarines que leen esto, aunque retrasado.
Dispénseme ustedes, entenderán que estaba celebrando :)
22 abril, 2010
Bailarina otra vez. Journal post-operatorio VII - día 65
"Temprano", como todos los días, me desperté con entusiasmo.
Sí, definitivamente era un día esperado.
El "hola berna" estaba incluso más lleno de alegría sabiendo que ese, con todas las esperanzas puestas, era el último de aquella tanda de sesiones. Eve fue como siempre excelente en su trato conmigo y con mi pie, pero me confesó que me extrañaría aunque le alegraba que lo próximo que ocurriría era verme bailar.
Me arriesgo a decir, que esa mañana tuve la sensación similar -guardando las enorme diferencias- de la última clase de ballet del año en pleno Cascanueces.
Terminé mi terapia número 25 y no cabía en mi la alegría y satisfacción de haberlas finalizado bien. Pero esperaba el decreto final de la fisiatra quien con tranquilidad y sin titubeos me dejó libre de otras sesiones de fisioterapia y con el permiso pleno de empezar a trabajar.
Así que en pocos días iniciaré mi nueva y ansiada relación con mi tobillo, con mi cuerpo, con la barra. He aprendido a escucharme, a tener paciencia, a no dejarme vencer. Llegó la hora de demostrar si es cierto todo eso que (digo) aprendí y recordar la sabroso de danzar. Poco a poco!
El proceso será como deba ser. Así me lo dije incluso antes de la cirugía, sin apuros para no tropezar, aunque las ganas de sentir las puntas en mis pies me tientan sin recato.
Pero como ya lo aprendí, no me dejo vencer.
Empieza esta bailarina a intentarlo otra vez!
paz.-
Sí, definitivamente era un día esperado.
El "hola berna" estaba incluso más lleno de alegría sabiendo que ese, con todas las esperanzas puestas, era el último de aquella tanda de sesiones. Eve fue como siempre excelente en su trato conmigo y con mi pie, pero me confesó que me extrañaría aunque le alegraba que lo próximo que ocurriría era verme bailar.
Me arriesgo a decir, que esa mañana tuve la sensación similar -guardando las enorme diferencias- de la última clase de ballet del año en pleno Cascanueces.
21 de diciembre. Respiré profundamente y empecé. Sabía que sería mi última clase del año y quién sabe por cuánto tiempo. Así que una parte de mi sentía la nostalgia de terminar la temporada, de dejar la barra por unos meses, mientras que en la otra me poseía la placidez de poder descansar de tanto trabajo y aquel dolor innecesario que ya había sido suficiente.
Terminé mi terapia número 25 y no cabía en mi la alegría y satisfacción de haberlas finalizado bien. Pero esperaba el decreto final de la fisiatra quien con tranquilidad y sin titubeos me dejó libre de otras sesiones de fisioterapia y con el permiso pleno de empezar a trabajar.
Pero con cuidado, el cuerpo te irá diciendo lo que debes hacer.
Así que en pocos días iniciaré mi nueva y ansiada relación con mi tobillo, con mi cuerpo, con la barra. He aprendido a escucharme, a tener paciencia, a no dejarme vencer. Llegó la hora de demostrar si es cierto todo eso que (digo) aprendí y recordar la sabroso de danzar. Poco a poco!
El proceso será como deba ser. Así me lo dije incluso antes de la cirugía, sin apuros para no tropezar, aunque las ganas de sentir las puntas en mis pies me tientan sin recato.
Pero como ya lo aprendí, no me dejo vencer.
Empieza esta bailarina a intentarlo otra vez!
paz.-
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